Opinión

El mundo libre de los genios

 
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Ralf Winkler. (https://dayoftheartist.com/tag/primitivism/)

Otro genio nos deja. Poco después de Acconci, hace unos días fue el turno de Ralf Winkler (Dresden 1939); ambos extraordinarios artistas murieron a los 77 años. Este pintor, escultor y baterista de jazz fue más conocido por su alias A. R. Penck, aunque también firmó obras como T. M. Mickey Spilane, Theodor Marx, “a.Y.” o simplemente “Y”.

Nacido en Dresden, Alemania, Winkler fue marcado por la destrucción de su ciudad de los bombardeos aliados durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Desde joven le atrajo el arte, estudió con el pintor Jürgen Böttcher, Strawalde, y más tarde intentó ingresar a la academia de Bellas Artes de Dresden y de Berlín del Este, donde fue rechazado probablemente por una obra y una actitud que fueron percibidas como subversivas en una joven pero conservadora Alemania Democrática.

Se integró después a un grupo de pintores neoexpresionistas en Dresden, donde frecuentó y trabajó junto a figuras como Georg Beselitz y Jorg Immendorf.

Entre los años 60 y 70, Winkler alcanzó su primera notoriedad con una serie de pinturas y esculturas llamada Standarts, un amalgama entre las palabras “estandarte” y “arte”, donde aparecería el estilo neo-primitivo con figuras humanas y totémicas que lo harían famoso. En ellas aparecen varas antropomórficas con genitales, animales distorsionados, tentativas caligráficas sobre fondos abstractos en donde se integran símbolos y patrones repetitivos inspirados en culturas africanas y frescos rupestres. Las pinturas estaban acompañadas de esculturas concebidas por el mismo imaginario primitivo, y fueron fabricadas con desechos como madera, cajas de cartón, botellas de vidrio, alambre o cinta de aislar. El conjunto buscaba recrear, a partir de esta autonomía arquetípica, un ideograma, un sistema universal que operara con arte, símbolo y lenguaje. Cada estandarte podía ser imitado y reproducido por cualquier persona, y esta democratización creativa que planteaba Penck, conllevaba además ciertas lecturas y críticas políticas de los sistemas totalitarios.

A pesar del anti-esteticismo de estas obras producidas en el asilamiento detrás del muro de Berlín, llamaron rápidamente la atención del “mundo libre”, fueron contrabandeadas hacia su territorio e incluidas en varias exposiciones, razón por la cual su autor empezó a utilizar un nombre falso para confundir a la Statsi, el ministerio de seguridad. Pero su inclusión en Documenta en 1972, la obtención del premio Grohmann en 1975, y una retrospectiva en la Kunsthalle en Berna lo delataron y le acarrearon problemas graduales con el régimen, hasta que en 1980 fue expulsado de Alemania Oriental.

A partir de ese momento se convirtió en uno de los artistas más reconocidos. Y es que estas escenas duales y un poco claustrofóbicas son inagotables: hay un alfabeto jeroglífico que convive con códigos binarios; expone una carga infantil que delata una angustia de lo más contemporánea; recrea una jungla que regenera los conflictos entre capitalismo y socialismo, hombre y animales, padres e hijos o entre amantes. Pero también conmueve; su primitivismo simboliza la busca de la libertad, la aproximación a la creación artística y al amor, que supo convertir en una de las propuestas gráficas más identificables.

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