Opinión

El mundo emocional

 
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Trump

En la teoría económica se dice que el péndulo se mueve entre los extremos de la derecha e izquierda. Keynes, Friedman y algunos centristas son ejemplos. El arco de la política y la economía se mantiene activo siempre. El siglo XX estuvo marcado por la Guerra Fría entre el capitalismo y el comunismo. Con la caída del Muro de Berlín, la discusión quedó dentro del capitalismo. Laboristas británicos de Blair, conservadores modernos de Cameron, y así.

En los 90 fueron los neoliberales, pero el movimiento pendular se agotó hasta convertirse ahora en una marea nacionalista. La globalización se encontró con líderes y masas que ahora piensan más en su país que en el mundo. El nacionalismo llegará con proteccionismo, tal vez con la elección por parte de los líderes de empresas y sectores, a desarrollar subsidios y ayudas locales acompañadas de mayores restricciones para el comercio internacional.

El mundo va hacia allí, es un hecho. La prensa en general, intenta defender la idea de que el mundo es mejor más abierto y trabaja para frenar el ascenso de la marea. Intentan llegar al intelecto de las personas con explicaciones, llamando a la razón. Advierten del problema una y otra vez, pero el problema es que no son momentos de razón, sino de creencia.

Las personas están reaccionando con sus emociones, no con la mente. Donald Trump es un ejemplo, pero no es ni será el único. Votaron por él porque pudo conectar con lo que las personas sentían. Enojo y rechazo, por un lado, pero también identificación con él.

Para llegar a ser exitoso en EU, se vale usar todos los trucos del libro mientras lo hagas de forma legal. Se vale aplastar, desplazar y empujar. Si la ley no lo prohíbe, Trump y otros pueden hacer lo que deseen. ¿Trump no pagó cientos de millones en impuestos? Así es, pero la ley se lo permite. Trump podrá ser antiético, pero no es ilegal ser antiético y se ha hecho exitoso con esos modos. Una vez más, como ya he dicho en mi último libro “Mitos y mentadas de la economía mexicana”: economía y moral no siempre van de la mano.

Esto no es nuevo, la historia se repite, pero sí tiene como elemento novedoso la velocidad de transmisión. Trump supo montarse sobre las nuevas tecnologías para dispersar su discurso, que podrá ser torpe para los intelectuales, pero repite siempre dos o tres ideas que prenden pronto. En el mundo de internet no hay tiempo para la reflexión intelectual, las personas creen o no creen y reproducen lo que leen en cuestión de segundos multiplicando a la N potencia (viralizando) el impacto de una idea, sea cual sea esa idea.

El intelecto demanda tiempo para procesar ideas y nunca es fácil ponerse de acuerdo entre dos ideas disímiles, por ejemplo, entre quien diga que hay que gastar más, como Keynes, o menos, como Friedman. Pensar quién tiene la razón es difícil, y es mucho más fácil la promesa dulce de alguien que dice, sin dar muchos detalles, como Trump, que los trabajadores industriales tendrán el trabajo que no tenían, porque él lo hará posible pues es un ganador millonario.

Si creemos que se puede combatir con largas y sesudas reflexiones intelectuales esa marea emocional, creo que estamos en problemas. La capacidad de atención de las personas ahora es de ocho segundos, ¿qué se puede decir en ese periodo de tiempo? Intelectuales, prensa y políticos tendrán que cambiar la estrategia. Conmover más, que moverse hacia la razón. El discurso emocional ha ganado esta parte de la batalla.

Twitter: @JaqueRogozinski

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