Opinión

El mundo al revés

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Manlio Fabio Beltrones

Ernesto Zedillo, como todo mundo sabe, al tomar posesión decretó que debía haber una sana distancia entre el presidente de la República y el PRI. La declaración, en aquel entonces, no cayó bien entre los priistas.

Pero en aquellos tiempos, en que el PRI era el partido hegemónico y no había habido alternancia, la frase indicaba, como luego ocurrió, que el presidente se comportaría como jefe de Estado antes que como jefe de partido.

Sin embargo, como ha precisado Humberto Roque Villanueva, la sana distancia era de ida pero no de vuelta. Zedillo recurrió a la disciplina priista cada vez que la necesitó, como cuando diseñó el programa de ajuste económico, incluido el incremento del IVA del 10 al 15 por ciento, y tampoco le tembló la mano para cambiar y designar a siete presidentes del PRI.

Los desencuentros entre el presidente y su partido culminaron con la derrota del 2 de julio de 2000, que ahora algunos priistas le endosan al propio Zedillo. Pero antes de eso, en la XVII Asamblea Ordinaria del PRI (1996), “las bases” tomaron venganza y le pusieron candados a la elección del candidato a la presidencia de la República.

Los requisitos fueron una declaración de guerra contra Zedillo: acreditar la calidad de cuadro, dirigente y haber tenido un puesto de elección popular a través del partido, así como diez años de militancia partidista.
El misil pegó en el blanco y dejó fuera de combate a los dos alfiles del entonces presidente para sucederlo: Guillermo Ortiz y Ángel Gurría.
Posteriormente, Zedillo intentó eliminar el candado pero no tuvo éxito.
Francisco Labastida alcanzó, de ese modo, la candidatura a la presidencia de la República, para luego ser derrotado por Vicente Fox.

Fue en referencia a esos años que Manlio Fabio Beltrones afirmó el fin de la sana distancia entre el presidente de la República y el PRI, y reiteró que consultará a Peña Nieto tantas veces como sea necesario.

Pero la verdad es que estamos ante un verdadero juego de espejos y de equívocos, intencionados o no. El fin de la sana distancia ocurrió, por primera vez, cuando el presidente Zedillo le entregó la banda presidencial a Vicente Fox. La distancia dejó de ser sana o insana porque dejó de ser... distancia.

A contrapunto, la restauración de la disciplina priista y partidista culminó el 1 de julio con la victoria de Enrique Peña Nieto. El presidente electo se asumió entonces como jefe de Estado, jefe de Gobierno y, por supuesto, jefe de partido. Tradición obliga.

Así que primer equívoco: no corresponde al presidente del PRI decretar o no el fin de la sana distancia. Porque, cuando ésta fue instaurada, los diferentes presidentes del PRI siempre se comportaron como lo que eran: soldados del primer priista de México.

Segundo equívoco: por primera vez en la historia del PRI habrá un presidente con tal fuerza y autonomía. Su margen de acción y libertad no tienen precedentes. Así que, para efectos reales, ahora sí se puede hablar de una distancia –sana o insana, pero distancia–. Beltrones no llega para obedecer al presidente, sino para dialogar con él y cambiar información con Osorio, Videgaray y Nuño.

Por si lo anterior fuera poco, Beltrones deja claro, tanto en su lenguaje verbal como corporal, que a él no le gustan las simulaciones y luego suelta una serie de frases y afirmaciones entre líneas: la más estridente (porque contraviene los viejos usos y costumbres priistas) es que no está, ni promete estar, fuera de la contienda por la presidencia de la República. Se compromete, eso sí, a no hacer proselitismo a su favor desde el PRI, pero por lo mismo deja abierta la posibilidad de renunciar a la dirección de su partido para, en su momento, postularse a la presidencia de la República.

¡Cosas veredes! No sólo hay un presidente del PRI con una fuerza y autonomía nunca antes vistas, sino además aspira a convertirse en candidato a la presidencia. El mundo, sin duda, está girando... pero al revés. Basta imaginar los efectos y consecuencias que todo esto tendrá en la clase política priista.

Y luego se dice que la sana distancia ya no existe y que la carrera por la sucesión presidencial aún no comienza. ¡Ajá!

Twitter: @sanchezsusarrey

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