Opinión

El mito de la alianza opositora

    
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Aquí poco duran los escándalos, somos de temática semanal. Hace unos días todo el mundo muy indignado mentando madres por el espionaje que no fue o que quiso ser, o ya no sabemos bien, pero que tuvo como colofón la suerte de confesión presidencial de que también sufre de ser espiado, mientras los que no son nada sufren por no espiar ni ser espiados.

No hemos terminado el capítulo y todos duro que dale ahora con la alianza opositora, el frente amplio opositor, o como se le quiera llamar al happening que organizaron las directivas de PAN y PRD. Ya he comentado en este espacio que cada determinado tiempo los creadores y seguidores del 'choque de trenes', 'la alianza va' y fracasos por el estilo, vuelven con ímpetu para anunciar la caída de los partidos políticos, la inevitabilidad de la conjunción de las oposiciones en un proyecto común para salvar al país del innegable atolladero en que se encuentra. Todo esto se logrará con la nominación de aquel hombre que con mirada diáfana, conducta irreprochable, sus gestas heroicas, el dominio pleno de sus debilidades, su nacionalismo a prueba de todo y su vocación indeclinable de sacrificio por la patria, nos traerán tiempos mejores y felices a todos.

Bien. Hay que decir que estamos ante otra fanfarronada por el estilo. Por supuesto que los partidos siempre se prestan u organizan los eventos aliancistas. Ni hablar, es parte de la política. El bombardeo a esa alianza ha comenzado ya: en el PRD es claro que no comparten lo que pueda proponer el PAN en términos de gobierno. Digamos, por mencionar algún tema, el PRD piensa lo contrario del PAN en materia de seguridad –si es que el perredismo piensa algo al respecto–. Pero en realidad estamos ante un movimiento burdo de las dirigencias de ambos partidos. Alejandra Barrales quiere ganar tiempo para resarcir su descrédito y que se olvide su departamento en Miami; Anaya quiere ganar tiempo para no definir su candidatura –y mientras juntar más y más candidatos para diluir la competencia interna–; Barrales quiere ser ungida candidata a gobernar la Ciudad de México y Anaya a la presidencia. No se ve sencillo que pasen sin cuestionamiento alguno.

Se entiende que el PRD se agarre de cualquier clavo para por lo menos salir en la televisión. Pero lo del PAN simplemente no se entiende. Como pocas veces está en la mejor posición competitiva para las elecciones y decide renunciar a una propuesta propia, tanto de candidat@ como de programa. ¿Nada tiene qué oponer a las fantasías del pasado que plantea López Obrador? ¿Nada tiene qué decir de la modernización de diversos sectores, de la política fiscal, del manejo de la economía, de las libertades, de todo eso a lo que se opone el Peje? ¿Por qué claudica con un partido que quizá ya cabe en un elevador? Para colmo el PAN nombró a Gustavo Madero para hacer su plataforma política para el año entrante. Este pequeño hombre fungió de gato de Peña Nieto más de la mitad del sexenio: le entregó los votos de sus bancadas, le firmó a ciegas el Pacto por México, le dijo estadista, envileció la figura opositora y sumió al PAN en la ineficacia y la corrupción. De torpeza legendaria, Madero dice que su partido comparte el diagnóstico de López Obrador. ¿En serio? ¿Hay que echar para atrás la reforma energética? ¿Debemos regresar a 1982? ¿Qué necesidad tiene el PAN de coquetear hasta con AMLO? Ridículo.

Twitter: @JuanIZavala

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