Opinión

El misterio de los jugos Detox

No sé si es mi edad, pero no logro descifrar las razones por las que ciertas “oleadas” de comportamiento colectivo llegan masivamente a mi alrededor. La más nueva es la de los jugos “Detox”, o desintoxicantes. Opera más o menos así: dejas de comer todo lo que te gusta. Mientras, un individuo prepara y lleva a tu casa todas las mañanas los jugos con los que debes alimentarte a lo largo del día. Sólo comes jugos. No hay masticación. A cierta hora, un jugo; un ratito después, otro jugo. ¿Medio día? Otro. ¿Hora de la cena? Uno más…. Y así. Jugos, jugos y jugos.

Yo no pienso que vivo intoxicado, pero asumo que quienes compran esa dieta, que “te resuelve todo”, sí lo están. Y me llama la atención, mucho, el poder de convencimiento que tienen familiares y amigos sobre su círculo social inmediato cuando uno de ellos queda convencido y entra en la lógica de contagiar una de estas “oleadas” de moda.

Hace diez años la oleada era correr en carreras de 10 kilómetros. Proliferaron. ¿Quién no recuerda la oleada de ir a los “rápidos” de Veracruz, que todo mundo refería como la neta de las vacaciones, mientras que ahora casi nadie lo menciona?

Una oleada peculiar fue la de los maratones internacionales y la adquisición de relojes que te medían el ritmo cardíaco —“si no llegas a 120 latidos por minuto el ejercicio no te sirve de nada”, decían—. Los maratones de Nueva York o Chicago se pusieron de moda entre mexicanos que tenían que espetar a los cuatro vientos que los iban a correr.

Daba la impresión de que no lo hacían por el deporte y por su salud, sino para que los demás se enteraran de lo fregones que eran. Un subsegmento de los maratonistas eligió la moda (hace más de un lustro) de perseguir la realización de triatlones.

Hubo hasta suplementos en los diarios donde se consignaban los fenomenales “logros” de estos individuos, que corrían, nadaban, y andaban en bicicleta muchos kilómetros. Los más avezados y competitivos se metieron en una cosa llamada “Iron Man”: una especie de sufrimiento corporal auto infligido en forma de tortura moderna para dejar exhausto al cuerpo. Así es: por increíble que parezca, nadie los obliga.

Más recientemente aparecieron otras “oleadas” curiosas, que la borregada sigue con abnegación y esmero. He escuchado una cosa que se llama “Insanity”, que cae en esa categoría.

La gente ha dejado de hacer las cosas por placer o por equilibrio físico y mental, y ha entrado en la lógica de pertenencia y acreditación a través de estas oleadas. Es hilarante. Ahora los jugos “Detox” los escucha uno por todos lados. Los intoxicados están adquiriéndolos inelásticamente. Su éxito repentino, para mí, es un misterio indescifrable. Pido que Murillo Karam investigue.

Twitter: @SOYCarlosMota