Opinión

El milagro Evo

Es un caso para estudio, para análisis profundo y preciso de la combinación de variables que ha producido el éxito político y económico de Evo Morales. Este domingo, se reeligió para un tercer mandato a la presidencia de Bolivia con márgenes de aprobación en urnas de 60 por ciento. En su discurso de la victoria el presidente Morales le dedicó su triunfo electoral a Fidel Castro y a Hugo Chávez.

El primer elemento de análisis, es que a pesar de la retórica “antiimperialista” –bastante trasnochada en pleno siglo XXI– es que no fueron necesarios los conocidos y poderosos instrumentos de coacción del voto. No se implementaron los programas de control y distribución de víveres, créditos, afiliaciones que funcionan más como activación mercadotécnica.

Tampoco las conocidas persecuciones bolivarianas, la variación del llamado “chicotazo” en poblaciones indígenas que se resistan a votar por el candidato seleccionado por la comunidad. Evo ganó a mano limpia, enfrentando opositores, sin debate –lástima- por su creciente popularidad en las encuestas previas. Pero lo importante aquí es que ganó sin programas de ideologización al estilo cubano, sin control de las casillas y las urnas, sin el aparato de presión del gobierno. Ganó seguro del apoyo popular y de su enorme respaldo entre distintos sectores sociales. Bolivia ha crecido a 6.3 por ciento tan sólo en 2014, con exportaciones que superan 12 mil millones de dólares al año, donde 54 por ciento de éstas provienen del gas natural. Su gobierno ha logrado multiplicar la renta petrolera de 300 millones en 2005 (cuando Evo Morales llegó al poder) a seis mil millones en 2014. Este crecimiento económico ha derramado beneficios y riqueza para muchos, no sólo para los pobres y marginados en concordancia con su discurso, sino también para la empresa privada y para la industria.

El gobierno de Evo ya no asusta decía un analista internacional en La Paz, trazando una semejanza con el fenómeno y los años de Lula en Brasil. Sostener un gobierno de izquierda democrática con competencia electoral, con presencia de la oposición, pero con consistentes programas de redistribución de la riqueza no es una contradicción. Programas que beneficien a madres solteras, a comunidades indígenas, a jóvenes en busca de empleo y de estudio, que llene las aulas y las escuelas de todos los niños de todos los segmentos, eso es lo que ha logrado Evo con medidas eficientes y planes concretos.

El más cercano candidato de oposición, el empresario cementero Samuel Doria Medina, obtuvo 25 por ciento de los votos, un porcentaje nada despreciable y con todo, más de dos veces por debajo del arrollador y carismático presidente indígena. Otro elemento significativo es su firmeza en eliminar todo gesto “imperialista” al controlar las principales fuentes de generación de hidrocarburos. Rompió diplomáticamente con Estados Unidos en 2008, al acusarlo de pretender intervenir en asuntos internos de Bolivia. Washington respondió expulsando a su embajador. A más de seis años de distancia, están sentadas las bases para recomponer el diálogo bajo la condición del absoluto respeto a la política y la economía interna, dice Evo. Hay interesantes cualidades en este modelo, porque combina una fórmula fuerte y activa en su vicepresidente que procede de otros segmento sociocultural.

No condena a los empresarios ni los persigue –al estilo Lula– pero tampoco permite excesos en la distribución de concesiones y permisos. Mantiene extensos programas sociales que han beneficiado a cientos de miles, especialmente en locaciones marginadas, rurales y distantes. El único punto que reaparece ahora con la victoria, el tema chavista de la reelección indefinida: los presidentes eternos que tanto daño han hecho a la región. Evo dice que no, que acatará la Constitución que lo prohíbe y que no la cambiará. Veremos ahora con un Congreso también dominado por su partido.

Twitter: @LKourchenko