Opinión

El miedo a la productividad

03 abril 2013 10:22

 
Cuando se ven las cifras sobre productividad en México, pareciera que de plano le tenemos miedo.
 
Que se haga la voluntad del señor, pero en los bueyes de mi compadre, es uno de los adagios mexicanos que más aplicaciones tiene y que también se presenta en materia de productividad.
 
La productividad es buena mientras permite que yo me beneficie, pero si resulta que también beneficia a mi contraparte o me exige trabajar más y mejor, entonces ya no me gusta.
 
Hace un par de días le comentamos aquí que de acuerdo con las nuevas estadísticas del INEGI, el ritmo de crecimiento de la productividad laboral del país fue de sólo 0.4 % anual en promedio para el periodo 2005-2012.
 
Bueno, pues cuando se ve la estadística relativa a los convenios laborales que incluyen un bono de productividad, se empieza a encontrar explicación a este resultado.
 
En la estadística que hoy publica EL FINANCIERO, se aprecia que en las 7,442 revisiones contractuales de jurisdicción federal que se realizaron el año pasado, sólo se incluyó un bono de productividad en 997 de ellas, es decir, en el 13.4%.
 
Y en los primeros 2 meses de este año ese porcentaje no ha cambiado.
 
¿Por qué razón las empresas o los trabajadores se resisten a incluir un ingrediente de las remuneraciones que tenga que ver con la productividad?
 
En el caso de los trabajadores, y notoriamente de los sindicatos, persiste en muchos casos la mentalidad de que es el patrón el que tiene que asegurarse de que su quincena llegue a sus manos.
 
Existe una cierta aversión a desarrollar esquemas de remuneración variable en los que haya mejores ingresos si el resultado de la unidad económica es también mejor.
 
Pero en el otro lado ocurre lo mismo. Todavía está muy extendida la mentalidad en el sector patronal que dice que si hay aumentos de productividad, éstos deben alimentar sus utilidades y no las remuneraciones.
 
Total, que de los dos lados existen resistencias. De los trabajadores, para sujetar una parte de su ingreso a los resultados de la operación de las empresas; y del lado de los patrones, para compartir esos buenos resultados, cuando los hay.
 
Si da lo mismo trabajar duro y bien que hacerlo con el menor esfuerzo posible, simplemente para cumplir, no hay incentivos para un mejor desempeño.
 
El problema como país es que al mantenerse esa mentalidad en el largo plazo, nos encontramos con resultados tan pobres en productividad como los que hemos descrito.
 
Si hemos de sentar las bases para un crecimiento sostenido en los próximos años, una de las claves será cambiar esa mentalidad.
 
La productividad también requiere cambiar otra visión que es aún muy usual entre nosotros, la que dice: que te mantenga el gobierno.
 
Una y otra vez seguimos leyendo y escuchando a organizaciones empresariales que piden al gobierno que las libre de la competencia, claro, porque siempre la competencia es 'desleal'.
 
O grupos de campesinos que dicen que sin apoyos simplemente no pueden salir adelante.
 
O líderes sindicales que canjean su pasividad por préstamos de 500 millones de pesos que nadie sabe a dónde van a dar.
 
Decir, 'que te mantenga el gobierno', realmente es decir, que te mantengan todos los demás, pues de los demás es de donde salen los recursos que tiene el gobierno.
 
Claro que esta visión, enemiga frontal de la productividad, es más que bienvenida por los políticos de todos los colores que canjean respaldos a cambio de favores y clientelismos.
 
Una premisa para la productividad es que asumamos los riesgos que implica y además mandemos a volar a los políticos, que mucho ayudarían simplemente con no estorbar.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx