Opinión

El mensaje oculto tras
los cambios

 
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Gabinete EPN. (Cuartoscuro)

La fuga del Chapo, el derrumbe del precio de la mezcla mexicana de petróleo, el retraso en la puesta en marcha de las reformas, Ayotzinapa y Tlatlaya, los escándalos de corrupción que involucran al presidente y a su secretario de Hacienda junto con el mal manejo del “informe Andrade”, la cuestionada reforma hacendaria, la depreciación de nuestra moneda frente al dólar, la baja en los precios internacionales del crudo, y una política social que no cuaja, son problemas que señala con toda claridad uno de los últimos números del Seminario Político dirigido por un prestigiado politólogo.

Y tiene razón este crítico análisis de la gestión de nuestro presidente. Efectivamente, el llamado “mexican moment” terminó desfigurado.

Algo nuevo tiene que ofrecer el gobierno para la recuperación de la confianza y así el presidente Peña Nieto recuperará la popularidad que tenía al inicio de su administración. Los cambios en el gabinete, cuya responsabilidad recae únicamente en el presidente, es la primera oferta sobre la mesa. Cambios que, en lo general, han sido bien aceptados porque recogen, según la opinión pública, otro importante mensaje: entre los designados se encuentra el candidato del PRI a la presidencia de la República.

¿Se sumará a ellos Manlio Fabio Beltrones, recién electo presidente del PRI? Queda la pregunta abierta.

No es sorpresa la presencia de Aurelio Nuño, personaje íntimamente ligado a la presidencia. Cuestionamos, sin embargo, su capacidad para dirigir una Secretaría tan delicada e importante como es la de Educación, por la que han pasado tanto grandes personajes de la historia -como es el caso de José Vasconcelos- como arribistas sin experiencia en la materia, contando con algunos que han sido colocados como fichas políticas importantes y hasta hubo uno que alcanzó la presidencia de la República, como fue el caso del expresidente Ernesto Zedillo.

La calidad de la educación en México es desastrosa. ¿Será que la política prevalece sobre las exigencias técnicas que requiere esa altísima responsabilidad?

Mención especial amerita la designación de José Antonio Meade en la Secretaría de Desarrollo Social, dependencia permanentemente cuestionada en vista de los magros resultados entregados en temas como el combate a la pobreza y la desigualdad y cuya última responsable fue Rosario Robles. El secretario Meade es un hombre prestigiado que ha ocupado carteras en dos gobiernos distintos sin pertenecer a partido alguno. Se le considera entre la opinión pública como un hombre capaz y honesto. Su nueva posición es sin duda estratégica a la luz de las elecciones presidenciales de 2018. Su contacto directo con las clases populares del país es de indudable valía para dicho propósito.

Démosle a nuestro presidente el beneficio de la duda, bajo la premisa de que si a él le va bien, también le irá bien al país. Los retos, sin embargo, son formidables, a la vista del complejo proceso electoral que ya comentamos arriba y de la pérdida de poder que viene inherente con el famoso “destape” y los últimos meses previos a la elección. El Presupuesto base cero es un ingrediente adicional que complica el ya de por sí complejo panorama.

Tres años faltan de esta administración que serán críticos para el futuro de nuestro país. Por lo pronto, como sociedad, debemos prepararnos para iniciar una campaña tendiente a definir tanto el perfil de los candidatos a la presidencia, como la visión que tenemos y exigimos para aquél/aquella que el próximo sexenio ocupe la presidencia de la República.

La política es demasiado importante para dejarla sólo en manos de los políticos, dice un viejo dicho lleno de sabiduría.

Mañana será otro día.

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

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