Opinión

El mejor tratado del mundo

 
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TLCAN. (intoleranciadiario.com)

Inesperadamente, Carlos Salinas de Gortari se colocó en el centro del debate norteamericano. No él, sus políticas. Tanto Hillary Clinton como Donald Trump coinciden en su rechazo del TLC en sus términos actuales. “El peor tratado que se ha firmado en la historia de cualquier país”, afirmó Trump. Estados Unidos pasó de un superávit de mil 350 millones en 1994 a un déficit de más de 58 mil millones de dólares en 2015 en sus intercambios con México. En poco más de 20 años la balanza comercial está francamente inclinada de nuestro lado. México es el segundo mayor exportador a Estados Unidos, sólo por debajo de China.

Podríamos repetir a Trump, pero en sentido inverso: tenemos el mejor tratado que se ha firmado en la historia.

La leyenda dice que a Salinas se le ocurrió la idea en febrero de 1990 en Davos. Había caído el muro de Berlín, el mundo estaba cambiando.

Ahí mismo se le comunicó a la delegación norteamericana la intención mexicana de concretar un gran acuerdo comercial. Salinas el gran visionario, pero… tres meses antes, en diciembre de 1989, de forma destacada en la portada de la revista Vuelta, se podía leer: “México, Canadá, Estados Unidos: ¿un mercado común?” El autor: Josué Sáenz. Economista, fundador de los Bonos del Ahorro Nacional, escritor y coleccionista de arte, Sáenz planteaba en ese ensayo: “en la disyuntiva actual tenemos que ver el mercado norteamericano como una oportunidad. Debemos adherirnos a él no a escondidas sino orgullosamente”. El atractivo era evidente: “Para los inversionistas extranjeros y para nosotros puede ser lucrativo instalar plantas en México con acceso garantizado al mercado más grande del mundo”. Así lo vio Sáenz en 1989 y así ocurrió.

El TLC dejó fuera, entre otras cosas, a la cultura y al flujo migratorio. En 1993, cuando se negociaba el Tratado, “los canadienses esperaban que los mexicanos hicieran frente común con ellos para dar trato aparte a la cultura, [pero] se llevaron una sorpresa. Jaime Serra Puche, que encabezaba a los negociadores mexicanos, les dijo tranquilamente: ‘La cultura no nos importa’” (Gabriel Zaid, Dinero para la cultura). Diez años después, el reconocido autor de la teoría del choque de civilizaciones, Samuel P. Huntington publicó Quiénes somos (Paidós, 2004). En ese libro señalaba Huntington que “la migración mexicana está provocando la reconquista demográfica de zonas que los estadounidenses habían arrebatado por la fuerza a México”. Para el sociólogo, los migrantes mexicanos se encerraban en guettos familiares, no aprendían inglés y no se asimilaban. El sonoro rechazo de un amplio sector de norteamericanos a los migrantes mexicanos no es un problema laboral (el desempleo de blancos pobres es del 4.3 por ciento, por debajo de la media nacional), es un problema cultural. Pese a la ceguera de Serra Puche, la cultura sí importaba y sí importa: es un factor central en las relaciones con Estados Unidos.

El otro tema que quedó fuera del Tratado es el de la movilidad migratoria. En consecuencia, las fábricas norteamericanas se desplazan a México en busca de salarios bajos. De forma inevitable, este tema será planteado en una próxima renegociación del Tratado, sea quien sea el candidato vencedor. Se tratará de arreglar mediante aranceles y México podrá acudir a la OMC para defenderse. Pero se podría elegir otra vía.

México podría lanzar la iniciativa de un TLC 2.0. Revisarlo todo para que a los tres países nos convenga. Incluir lo que se dejó fuera. Que incluya subsidios en sectores clave para el país más desfavorecido como ocurrió en Europa. Para hacer más segura la frontera: organismos binacionales.

Migrantes con permisos temporales. En lugar de que se desplacen las fábricas, movilidad laboral.

El TLC ha beneficiado en estos 20 años a México según los candidatos norteamericanos a la presidencia. Ha beneficiado sobre todo a las empresas, no a la sociedad. Se dejó ese gran foco de desarrollo al mercado, con resultados sociales inciertos. Un nuevo tratado debe considerar la condición asimétrica de los países firmantes. Disminuir el incentivo migratorio con polos de desarrollo locales. No es lo mismo un tratado como el norteamericano que una comunidad económica como la europea pero deberíamos avanzar hacia ese esquema.

Hace poco más de 20 años, de las entrañas conservadoras de México surgió un movimiento antiTLC en Chiapas. La guerra terminó en unos días y el Tratado entró en vigor con los resultados que conocemos. En 2016, de las entrañas conservadoras de Estados Unidos surgió un candidato que propone un muro y cancelar el Tratado. En unos días se llevarán a cabo las elecciones y en un futuro próximo se renegociará el TLC. Ojalá no lo hagamos a escondidas sino como quería Josué Sáenz, orgullosamente. Ojalá volvamos a firmar el mejor tratado comercial de la historia.

Twitter:@Fernandogr

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