Opinión

El martes que viviremos en peligro

   
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Hillary Clinton, Donald Trump

Mañana viviremos un martes singular. Como pocas veces, el mundo estará pendiente de una elección. La jornada electoral en Estados Unidos será uno de los eventos más relevantes de las últimas décadas. Este proceso electoral ha mantenido la atención y la tensión internacional. Hemos visto un enfrentamiento entre una pésima candidata y un tipo impresentable. Según varios sondeos llegan a mañana empatados en preferencias del electorado. Nadie pensaba, por ejemplo, que un duelo entre una mujer de 69 años y un hombre de 70 iba a estar marcado por el sexo.

Quizá ningún candidato (a) en el mundo ha recibido ese apoyo internacional de manera abierta. El presidente Obama se ha dedicado a apoyarla sin pausa; lo mismo su esposa Michelle. Salvo el penosísimo caso de Peña Nieto, presidentes y primeros ministros de diversos países han advertido el peligro de que un sujeto como Trump gane la presidencia. Pero de poco ha servido ante la frialdad de la señora. Su arrogancia, ligada a su conocimiento técnico de las políticas públicas, la convirtieron en una persona distante, de la que se sabe poco de sus gustos y mucho de sus enjuagues. A pesar del buen desempeño que tuvo en los tres debates, cualquier sospecha a su alrededor le quita los votos de los indecisos –que es lo que pasó en la última semana–. Hillary parece que no convence. A su voto duro, durísimo a estas alturas, ha sumado el de los que no quieren a Trump. Que la cúpula del Partido Republicano decidiera votar por ella, habla del verdadero daño que puede causar Trump si gana.

El caso de Trump es significativo. Al contrario de su adversaria casi no cuenta con apoyos de la clase política. En una crónica de El País (6/11/16) de su evento en Hershey, Pensilvania, el candidato lo dejó claro: “Estoy solo yo, ni guitarra ni piano ni nada”(esto en alusión a los conciertos que artistas dan por Hillary). Pero su gente lo cubre, le aplaude, lo anima. Trump creció porque lo despreciaron. Esa es una buena lección para los exquisitos de lo políticamente correcto –que por acá abundan en los medios– que dicen “no le contestes, no vale la pena”; “es un ignorante no sabe ni construir una frase, no te rebajes a contestarle”; “no te pelees, contéstale con un plan de política pública”. Por cosas por el estilo el tipo ahora está en medio de la sala y no sabremos, hasta el martes bien entrada la noche o quizá el miércoles, qué va a pasar con el señor.

De toda esta tensión electoral en el vecino país algo hemos sacado de bueno: México ya se interesa en el proceso electoral de sus socios.

Nuestros medios han dado amplia cobertura al proceso y un amplio sector de la población sabe de las elecciones de mañana y el golpe que significaría un triunfo de Trump. Este involucramiento es un avance, habla de que el país está entrando en la modernidad, que se reconoce como parte de una sociedad que comparte fronteras y flujos migratorios, que sabe que es parte de una economía global.

Salvo que nunca falta el gorgojo en el frijol: AMLO dice que no hay que opinar de lo que sucede en el país vecino. Así su visión del mundo.

De cualquier forma ojalá mañana martes el mundo pueda dormir tranquilo porque ganó Hillary.

Twitter: @JuanIZavala

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