Opinión

El Manual del uso de la fuerza

  

Continuando con las acciones destinadas a fortalecer, actualizar y dar certeza a la participación del personal militar y naval en el combate a la delincuencia organizada en apoyo a las fuerzas de seguridad pública, el 30 de mayo pasado fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el Manual del uso de la fuerza, de aplicación común a las tres Fuerzas Armadas, léase Ejército, Fuerza Aérea y Armada de México.

En este documento se plasma el concepto y principios sobre el uso de la fuerza; las circunstancias en que es procedente el uso de la fuerza y el tipo de armas y mecanismos; las medidas para disminuir posibles daños a terceros; los protocolos de identificación y métodos de disuasión y persuasión y lo más importante: las responsabilidades.

No obstante lo anterior, tanto las tropas dependientes de la Secretaría de la Defensa Nacional como de la Secretaría de Marina, ya venían operando desde finales de la administración anterior bajo directivas que regulan precisamente el uso legítimo de la fuerza.

Desde que el Ejecutivo federal dispuso el empleo de las Fuerzas Armadas para contener el avance de la delincuencia organizada, muchas cosas han cambiado en los institutos armados, puesto que surgió la necesidad de adecuar algunos aspectos de su estructura orgánica, así como desarrollar programas de adiestramiento resaltando en esta parte la correspondiente a temas vinculados a seguridad interior y a los derechos humanos.

Aspecto que hoy por hoy resulta por demás muy importante, ya que diferentes organismos nacionales y particularmente los internacionales dan un seguimiento muy acucioso a las actividades y al desarrollo de las operaciones materializadas por las tropas, así como a los resultados de éstas; interfiriendo ocasionalmente, a veces con razón y en la mayoría sin ella, pero están en su función y es deber entender que ese es su trabajo.

No se puede soslayar que cuando las fuerzas de seguridad pública y las fuerzas militares actúan, eventualmente tienen resultados que afectan a la población de manera colateral, dado principalmente por el lugar o escenario donde chocan con los delincuentes, quienes no tienen la mínima consideración para respetar vidas o propiedades de quienes tienen la mala fortuna de estar a inmediaciones del lugar de los hechos.

Esta situación influye negativamente en la percepción que se tiene de las tropas, ya que al emplear las armas con las que están legalmente dotadas para cumplir con sus misiones y al resultar civiles inocentes lesionados o, peor aún, fallecidos a consecuencia de algún enfrentamiento, regularmente se hace responsable en primera instancia a la autoridad y no al delincuente.

La normatividad institucional establecida por los altos mandos de dichas fuerzas armadas como procedimiento es proporcionar en forma inmediata ayuda médica, económica, psicológica o de alguna otra índole, al margen del resultado de las investigaciones judiciales.

Esta actitud positiva confunde revirtiéndola en una percepción equivocada sobre el grado de responsabilidad que pudiera tener la autoridad y conlleva a que eventualmente los familiares de los involucrados tratan de obtener prebendas más allá de lo inicialmente otorgado o que en todo caso por ley corresponda.

De ninguna manera se busca decir que en la ejecución de las operaciones y en el uso de la fuerza no ocurran excesos, que afortunadamente son los menos, sino simplemente se cita como un ejemplo de la complejidad de esta singular lucha en donde la imagen de las instituciones armadas no siempre sale bien libradas.

Es por ello que la publicación de este Manual del uso de la fuerza, de aplicación común a las tres fuerzas armadas, es una muestra irrefutable de voluntad política para seguir cumpliendo con los compromisos contraídos ante diferentes instituciones internacionales y en diferentes foros e implica a su vez un reto para a través de la capacitación, comprensión y aplicación óptima por parte de las tropas, se cumplan con las obligaciones de respeto a la dignidad humana y se prescinda de cometer algún tipo de abuso.

También representa un avance más para delimitar responsabilidades a la actuación de las tropas y consecuentemente enfocadas al irrestricto respeto a los derechos humanos del agresor.

El autor es General de División Diplomado de Estado Mayor Retirado.