Opinión

El mal humor crónico
es un síntoma

    
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Tráfico en el DF

Para Mauricio estar de malas es lo normal. Apenas despierta y comienza las quejas y los regaños. Es lunes, durmió mal, su mujer es lenta para arreglarse, los niños desayunan mal, el café está horrible, el peso cada día vale menos. Se crispa anticipadamente pensando en el infierno que les espera cuando salgan a la calle a enfrentar el tráfico de la ciudad enemiga. Su irritabilidad le es invisible porque siempre tiene prisa. Se angustia porque el día no alcanzará para cumplir con todo. Tampoco alcanza a ver que esa vida tan ocupada la organizó él. Hasta los fines de semana le urge hacer cosas. No tolera que sus hijos o Ana quieran dormir más. Si él pudiera gobernar –como anhela– la vida de todos, estarían en la calle a las 8 de la mañana en sábado, para dar un paseo en bicicleta y sentarse a desayunar a las 10 de la mañana. La intención de Mauricio es buena: quiere que todos aprovechen el día, la mañana de sol. Pero hasta el disfrute del tiempo libre se ve contaminado por su personalidad exigente.

Estar de malas o irritable puede deberse a múltiples causas. En vidas aceleradas, es más complicado detenerse a reflexionar sobre lo que pasa internamente. Una causa, quizá la más obvia, puede ser el estrés. El irritable piensa que los demás hacen todo mal y provocan su enojo. Cree que son las circunstancias y no sus emociones, su mundo interno y su forma de relacionarse, las que lo han puesto en el filo permanente de la furia.

Mauricio lleva más de un año durmiendo y comiendo mal, bebiendo y sin hacer ejercicio. Solía correr por las mañanas, pero ya no tiene la energía para hacerlo.

La irritabilidad es una cara del agotamiento. La gente sospecha demasiado rápido de un trastorno del afecto, como una depresión ansiosa o una bipolaridad, cuando a veces es algo más simple: llegar a ceros en reservas de energía. Alguien que no duerme bien, que come mal, que no se ejercita y que ha hecho de la preocupación un estilo de pensamiento, tendrá muy poca tolerancia frente a casi cualquier cosa.

Está frustrado, pero le aterra enfrentarlo. Lleva años en un trabajo que odia: es diseñador industrial, pero jamás ha diseñado nada. Desde hace una década, trabaja en una empresa familiar bastante exitosa, dedicada a la limpieza de oficinas.

No debería quejarse porque gracias a las aspiradoras y a los productos para lograr baños impecables ha podido mantener a una familia de cinco más que dignamente. En el mapa grande de su vida, lo que hace le aburre profundamente; sin embargo, no es capaz de moverse de ahí por miedo a fracasar si sigue el estúpido consejo de hacer lo que le apasiona.

Mauricio ha evadido su insatisfacción durante más de 10 años, porque enfrentarla lo pondría en una situación difícil. Tiene muchas responsabilidades financieras que lo atan. Sin embargo, evitar el cambio se ha convertido en una bola de nieve. Sobre todo en la calidad de sus relaciones: ya nadie quiere estar cerca de él. En el trabajo y en la casa todos se esconden cuando lo ven llegar.

A veces piensa que está enfermo porque en un mal día siente que le falta el aire y que su corazón late demasiado rápido. Dolores de cabeza, trastornos de la digestión, dificultad para concentrarse. Muchos síntomas que no entiende.

Frente a un cuadro de irritabilidad aguda vale la pena descartar causas médicas. Algunos trastornos físicos son somatizaciones del estado anímico, pero nunca sobra buscar el diagnóstico de un médico.

“¿Y si también cuenta la gente de la que me he rodeado? Trabajar con mi hermano y con mi padre es infernal. Nunca están contentos con nada, deciden caprichosamente, gritan. Gritamos los tres como parte de nuestro “estilo administrativo”.

No debe soslayarse la posibilidad de estar rodeado de un ambiente tóxico. A veces es el trabajo, a veces una relación de pareja muerta, a veces hijos adolescentes que erosionan la cordura.

Desenredar la telaraña de las causas del mal carácter y plantear soluciones es una tarea compleja, pero no imposible. Solamente hace falta reflexión, decisión y paciencia para dejar de estar enojado como estilo de vida.

* Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Correo:  valevillag@gmail.com

Twitter: @valevillag

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