Opinión

El lodazal de 'Los Porkys'

   
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Diego Cruz

Una de las manifestaciones de la podredumbre a la que llegó la vida pública en Veracruz durante el gobierno de Javier Duarte, fue el caso de Los Porkys. Este grupo de juniors que, cobijados por la impunidad que da la mezcla de poder político y empresarial, se convirtieron en delincuentes y decidieron en su diversión violar a una menor de edad. El caso se supo porque el papá de la menor decidió denunciar públicamente el asunto, con todo el costo social que esto significaba para la niña –que fue señalada por sus compañeros y que vivirá con ese estigma–, y para él mismo, que tuvo que apegarse a defenderse jurídica y mediáticamente ante el abuso humillante que sufrió su hija.

El asunto causó indignación nacional. Era una muestra más de la vida podrida en Veracruz, de la corrupción en todo el ámbito público que llevaba a unos jovencitos a saber que todo es cuestión de dinero: desde su modo de vida hasta el nivel de sus caprichos y estupideces sin importar que fueran delitos. Por supuesto nadie podía esperar nada bueno de la justicia en la entidad que Duarte había llevado al deterioro generalizado, por lo que el tema tuvo una dimensión nacional y los jóvenes cargaron, de entrada, con una sanción social gigantesca.

Uno de los pandilleros –porque eso eran: una pandilla– de nombre Diego Cruz huyó a España como una muestra más de que su capacidad económica le permitía irse lejos, dilatar la acción de la justicia. Allá fue aprehendido por la policía y tiempo después se cumplió la extradición del sujeto para ser juzgado en su tierra. ¿Para que huyó el violador? Ahora queda claro, para que en ese tiempo su defensa pudiera aceitar la maquinaria judicial y permitir que saliera con alguna de las tristemente célebres triquiñuelas jurídicas en estas tierras. Seguramente el joven delincuente sufrió más en la cárcel de España que en la de Veracruz.

Cuando se pensaba que el caso no podría llegar más bajo, el juez federal Anuar González Amadi decidió que no se había comprobado debidamente el intento de violación de la niña, pues Cruz no tenía la intención de “llegar a la cópula”. La resolución del juez es una barbaridad. Admite que hubo tocamientos en partes del cuerpo de ella, pero que no “se cometió un abuso de forma deliberada” y que no se demostró “lo lascivo en la conducta”. Un razonamiento a todas luces indignante.

Por supuesto que la respuesta no tardó en llegar. Las redes sociales la han emprendido contra el juez González Amadi, a quien no bajan de corrupto. Como toda forma iracunda de reacción ha llegado al exceso de mostrar las fotos de las hijas menores del juez con todo tipo de leyendas y amenazas. También me parece condenable. Pero el juez debe saber que su conducta pública consistente en sus decisiones, pueden y deben ser sujetas a escrutinio público. Por lo pronto ya quedó su nombre como corrupto y protector de violadores. ¿Creerá que valió la pena chapotear en el lodazal de Los Porkys?

Twitter: @JuanIZavala

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