Opinión

El lado positivo del desastre

23 septiembre 2013 5:2

 Es una gran paradoja, pero el desastre que las lluvias causaron en la infraestructura urbana, carretera y de vivienda en el país puede ser una buena noticia para la economía… si se asignan recursos para la reconstrucción. Cuando hay un desastre natural como el que vivimos en las últimas semanas, en la perspectiva económica, se destruyen acervos cuando las afectaciones se dan principalmente en la infraestructura. Si las pérdidas son, por ejemplo, en cosechas, en menor actividad por interrupción de la energía o en desplome del turismo, entonces sí hay una pérdida de los ingresos esperados. Hay que esperar a tener datos más precisos y evaluar cuál va a ser la asignación de recursos para las tareas de la reconstrucción. Si la cuantía es elevada, entonces –allí está la paradoja- es probable que la actividad económica en su conjunto se beneficie del desastre que hemos vivido. Hay otro ingrediente que algunos expertos han encontrado cuando se mide el efecto sobre el crecimiento económico de largo plazo de los desastres naturales. Un denso trabajo de los economistas Jesús Crespo, Jarosalva Hlouskova y Michael Obersteiner, presentado en la Universidad de Viena, encontró que luego de analizar los casos de 46 países en desarrollo (México incluido) determinaron que en el largo plazo, los desastres naturales tienen un efecto positivo en el crecimiento aunque puedan tener costos en lo inmediato. Más allá de la evidencia estadística que encontraron para un periodo de 30 años, (1960 a 1990) la explicación es que el reemplazo de infraestructura tiende a requerir inversión, la cual muchas veces es proveniente del extranjero y resulta positiva a la productividad respecto a la que existía antes del desastre. Aunque lo más adecuado es que hubiera planes de modernización de infraestructura, con independencia de que se presenten desastres naturales, en países en desarrollo, a veces es hasta que la emergencia aparece cuando se asignan esos recursos para la modernización. Sin embargo, el hecho también se observa en el mundo desarrollado. Diversos análisis de los efectos del terremoto de Kobe, que ocurrió en Japón en 1995, muestran que en el plazo de un año se había recuperado la base industrial afectada y se estaba en esa zona en condiciones de crecer más.  Desde luego que lo peor que puede pasar es que haya tragedias humanas y se pierdan vidas y bienes, además de infraestructura, y no se haga el esfuerzo necesario para reparar lo reparable. En el corto plazo, es probable que zonas específicas como Acapulco tengan un daño económico severo pues los niveles de ocupación hotelera se van a desplomar.  Pero si ello se aprovecha para hacer algo realmente serio para reposicionar al puerto como destino turístico, mejorando la infraestructura y seguridad, sería un ejemplo de un efecto positivo de largo plazo en el desastre. A veces los desastres naturales para las sociedades son como las enfermedades para las personas. Si alguien sufre un infarto, tiene altas posibilidades de cambiar su estilo de vida, alimentación, actividad física y puede incluso vivir más y con mayor calidad de vida.  Por cierto, que la tragedia de las lluvias puso de manifiesto la otra tragedia: el desastre que es la administración pública en Guerrero.  Ocioso debate No hay nada más ocioso que debatir si lo que ocurre hoy en México es desaceleración o recesión. A veces les ponemos más énfasis a las etiquetas que a lo que hay detrás de ellas. Los críticos llaman recesión a lo que hoy pasa en México. Los funcionarios no quieren que se oiga tan mal y hablan de desaceleración.  Es lo de menos el nombre con que designemos a esa condición. Al final de cuentas, la economía no anda bien y hay que hacer algo para que su desempeño sea mejor. Eso es lo realmente importante.
 
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