Opinión

El Kaida crece, gracias a la guerra siria


 
 
A fines de julio, un estudio de la Corporación Rand arrojó nueva luz sobre la situación en que se encuentra El Kaida (La Base) a más de dos años de la muerte en Pakistán de Osama ben Laden, fundador de la red extremista wahabí y, sobre todo, un símbolo difícil de sustituir entre sus seguidores.
 
 
De acuerdo con Seth Jones, el autor del estudio en uno de los think tanks por excelencia del establecimiento norteamericano, la red, que adquirió un carácter más bien difuso e inspiracional tras la invasión de Afganistán en 2001 —que ahora avanza hacia su fin, en medio de un fracaso que probablemente recordará al de Vietnam—, ha registrado “una expansión neta en el número y alcance geográfico de sus afiliados y aliados en la década pasada, lo que indica que El Kaida y su marca están lejos de ser derrotadas”.
 
 
La razón por la que prevalece esta hidra de mil cabezas es evidente, dice Jones, por la 'primavera árabe' que le ha permitido poner una pica en varios países de Oriente Medio. Su perfil descentralizado y autónomo, que destacan las breves apariciones del egipcio Ayman el Zawahiri, sucesor de Ben Laden, como la verificada el miércoles para fustigar la intervención del Hezbolá en Siria, por ser 'instrumento del expansionismo iraní', le permite crecer pero apuntando hacia objetivos regionales, más modestos que el 11-S.
 
 
Es por ello, detalló Jones durante una audiencia en la Cámara de Representates de la que da cuenta The Christian Science Monitor, que las 'buenas noticias' son que El Kaida está más interesada en este momento en imponer un califato en Argelia, por ejemplo, que en volver a asestar un golpe demoledor a Estados Unidos. Al contrario, sería más factible que atacara a Francia, por su injerencia militar en Chad y la ayuda que presta a sus antiguas colonias árabes.
 
 
Ex consejero del Pentágono, Jones se queda corto, sin embargo, en su análisis de lo que significa el conflicto sirio para el fortalecimiento de El Kaida. A Washington y Arabia Saudí —la cuna del wahabismo y de Ben Laden— no les importa que el monstruo que crearon en los años ochenta para derrotar a los soviéticos en Kabul haya encontrado ahí el caldo de cultivo ideal para seguir desarrollándose.
 
 
Aunque sus cifras pueden ser exageradas, como ocurre en toda guerra, el Centro de Estudios Estratégicos de Damasco no anda muy errado cuando sostiene que en Siria hay 130 mil yijadís procedentes de unos 40 países. “Primero llegaron los libios y después los irakíes y los sauditas”, dice Ibrahim Talib, subdirector del centro. ¿Qué harán cuando las llamas de la lucha se aplaquen?