Opinión

El Juli, seis toros, seis faenas, una causa



1


El Juli

El toreo es una de las expresiones artísticas que desde sus inicios ha mostrado como una de sus múltiples cualidades el altruismo. Son innumerables los gestos que se han dado en la historia del toreo a favor de los más desfavorecidos.

El último domingo de mayo en la plaza de toros de Cáceres, el maestro Julián López El Juli se encerró con seis toros de la ganadería salmantina de Garcigrande. Quizá el gesto, si no se analiza, puede pasar como un festejo más, pero hay matices que valorar, entender y admirar.

Esta es la decimotercera ocasión en la que el madrileño se encierra con seis toros; la primera fue su despedida de novillero en Las Ventas de Madrid, un día antes de tomar la alternativa con tan sólo 16 años en el Coliseo Romano de Nimes en 1998.

Con 16 años de alternativa y la exitosa carrera que ha tenido como matador de toros, le hubiese sido más fácil extender un cheque por el valor de la taquilla (siete mil butacas), más el monto de sus honorarios y los derechos de televisión, o incluso, por qué no, asignar de su Fundación un monto fijo al mes para ayudar a la lucha contra el cáncer infantil.

El Juli fue más allá, no sólo donó sus honorarios y la taquilla del aforo total de la plaza, sino que ofreció su vida como muestra de los valores que promueve la tauromaquia. Ofrecer la vida a cambio de la creación de arte para emocionar a sus semejantes.

Esto no es poca cosa, en el ruedo cacereño, el madrileño ha dado cátedra de su amplia tauromaquia que desde los 9 años asimila, procesa y transforma a su personal forma de sentir del toreo. Fueron seis toros bien presentados, con hechuras y seriedad para un festejo televisado. Otro acierto de El Juli y de la empresa Lances de Futuro, de los hermanos Garzón, por cierto apoderados de Diego Silveti.

La ganadería pasa por gran momento y los seis toros embistieron, todos con sus matices y complicaciones lógicas de la bravura. Cada toro es diferente. Con cada uno El Juli estuvo variado con el capote, variado en los quites y muy creativo en sus faenas de muleta. Dándole a cada toro la lidia justa que requería y mostrando un gran dominio de múltiples suertes del toreo. Las seis faenas las inició de forma distinta, prácticamente cada tanda de cada faena tenía un inicio diferente a la siguiente y fue, como es costumbre, un verdadero cañón con la espada ejecutando cinco estocadas perfectas, digo cinco porque al quinto toro de la tarde logró que se le perdonara la vida. Otro gesto simbólico de gran importancia y valor de cara a la defensa de la Fiesta, atacada desde la desinformación y abanderada con la pobre excusa de las banderas políticas tan devaluadas hoy en todo el mundo; la posibilidad real que tiene el toro bravo de vivir después de la lidia.

El arte de la tauromaquia, el domingo 31 de mayo en Cáceres selló varios mensajes, la esencia del toreo es la muestra del valor de un hombre ante un toro que le puede matar, al que domina y con el que crea un arte único, efímero, pero eterno a la vez por quedar grabado en la retina y en el alma de quien tiene la suerte de sentirlo.

El mensaje más importante de esta tarde, desde mi punto de vista, es el que recibieron las familias y los niños que luchan contra esta terrible enfermedad; la solidaridad de un gremio representado por la máxima figura de esta época. El toreo es arte, el arte toca vidas y defiende valores, no busca escaños políticos ni escaparates mediáticos. Aquí la mayor lección de la tauromaquia ante una sociedad que juzga en la mayoría de los casos sin conocimiento, uno de los grandes males de nuestros días.

Enhorabuena al maestro Juli, y enhorabuena a estas familias que con su lucha son ejemplo de vida, como el toreo mismo.

También te puede interesar:
Madrid, su toro y su gente

Los últimos héroes

​El mundial del toreo, Madrid