Opinión

El juicio de 'Javidú':
El 'show' ha comenzado

    
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Javier Duarte

Como signo de los tiempos, la justicia se ha convertido en un espectáculo mediático. Basta recordar el famoso juicio de O.J. Simpson en Estados Unidos y derivar de ahí todo lo que hemos visto en términos de aprehensiones, fotos y revelaciones. La persecución de los criminales se convierte en episodio de una serie, en el capítulo de una telenovela. El juicio se convierte en el escaparate al que todo mundo se asoma, no a medir el funcionamiento del aparato de justicia, sino a satisfacer sus odios, su morbo, su primitivo instinto de linchamiento.

El juicio al exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, apunta para ser un espectáculo público en las acusaciones y su defensa. El show comenzó con sus pasaportes falsos, con su vida disipada, la gigantesca cantidad de propiedades, con la participación activa de su esposa en el saqueo de las arcas públicas y en la expansión del exceso –según se nos ha informado por las autoridades locales–. Después, al ser detenido, la sonrisa enferma del sujeto que ha desatado la ira de todos. Es un hombre que no para de reír, por nervios, por ocultar algo, por cínico o, simplemente, por estúpido.

A las actitudes del exgobernador se ha sumado la parte acusadora. El gobierno de Veracruz, que ve su salvación y reconocimiento en que termine refundido en la cárcel el sátrapa de Duarte; y el federal, que ve con pavor que salga libre el tipo y entonces ser acusado de complicidad –como si le faltara otro escándalo. Pero veremos a los testigos: delatores, cercanos que traicionan al antes poderoso serán el desfile que veremos con los medios más que entusiasmados difundiendo toda serie de materiales, y todos los demás estaremos comentando en redes y artículos –como este– lo que suceda en ese circo al que, para bien o para mal, no podemos sustraernos.

Quizás el aspecto más perverso será el que nos va a brindar la posibilidad de mirar por la cerradura la intimidad del exgobernador. El actual gobierno de Veracruz ha hecho todo lo posible por abrir la alcoba del acusado, los diarios de su esposa, los hábitos del 'gordito', su gusto por los bienes muebles, sus risibles colecciones y lo que vaya a salir en adelante. Todo es perfectamente consumible por un público que espera justicia.

La semana pasada Salvador Camarena abordó en estas páginas el tema como un efecto distractor manejado por la PGR. Y es que, ciertamente, la señora fue lanzada a los leones –que somos todos nosotros, el público–. Una mujer que fue 'amante', 'supuesta novia' o 'pareja sentimental' como consignan los medios. Todo ha girado en torno a ella como si fuese una maldita bruja de hace dos siglos. Le ha ido peor que a la diputada que fue novia de El Chapo. El escarnio ha sido generalizado. Quienes se la pasan exigiendo respeto a que las mujeres hagan con su cuerpo lo que quieran, son los primeros en acercar las antorchas, en tirar las primeras dentelladas. No digo que la mujer no tenga que rendir cuentas de su paso por el gobierno, pero sobre sus parejas y su mal gusto no tiene por qué rendirle cuentas a nadie.

En fin, que el espectáculo ha comenzado y ya tenemos la primera víctima: no es el ratero Duarte, no es su esposa que se mueve en Europa. Se trata de una joven viuda, madre de un niño de 12 años, que gusta de tener una vida ligera y resuelta. Vamos bien.

Twitter: @JuanIZavala

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