Opinión

El juego de expectativas

El precio del petróleo sigue en picada, la OPEP anuncia que no recortará su producción y las monedas emergentes pierden valor a pasos agigantados, provocando un día negro para las bolsas, ahora en lunes. Casi todo mundo voltea hacia el Banco de México, en busca de respuestas, aunque su gobernador se concreta a decir que el tipo de cambio observado en estos días no corresponde a una situación real, sino a posiciones meramente especulativas. Tiene razón aunque lo que comentan algunos medios, con o sin razón, es que esto afectará a la economía en el corto y mediano plazo, con bajo crecimiento; que las finanzas públicas van a sufrir y que posiblemente nos esperan más déficit y más deuda y, finalmente, que eventualmente la depreciación del peso podría pasarse a los precios y la inflación, que ya de si es elevada. La gente común cree muchas de estas declaraciones, ya que no hay quien le explique y si lo hace algún funcionario no le van a creer, con la crisis de credibilidad de hoy en día.

Por lo pronto ya empiezan a revisarse a la baja los pronósticos y las expectativas para el año entrante y posiblemente veamos en la encuesta de diciembre que aplica el Banco Central a los especialistas y cuyos resultados se publican en los primeros días de enero, que de nueva cuenta las expectativas de crecimiento han sido revisadas a a la baja y la inflación y el tipo de cambio a la alza.

Los temores no son para menos; recordamos los buenos tiempos, cuando China crecía arriba de diez por ciento y compraba todo lo que le quisieran vender, como los mercados emergentes, que se beneficiaban con los elevados precios de sus exportaciones, recibían grandes flujos de capitales. Ahora la situación ha cambiado radicalmente, los precios han bajado, las exportaciones se han reducido, no hay suficiente flujos de divisas para los emergentes, que angustiados miran como algunos capitales empiezan a marcar la retirada. Simplemente vender moneda local y comprar dólares a futuro, antes de que aprecie más la divisa, es una medida de protección. Hemos visto como los rusos han elevado en varias ocasiones la tasa de interés para contener la devaluación del rublo, aunque ha servido de poco. En México tenemos cierta protección, por el precio de la gasolina, que por primera vez en mucho tiempo el impuesto que aplica ha funcionado como un mecanismo recaudatorio, que compensará parte de la baja en exportaciones de petróleo y le depreciación del peso ayudará a que los ingresos en pesos no caigan a la velocidad que lo hace el precio. Asimismo, aunque la inflación se salió del rango estimado por Banxico, con nuestras tasas de interés sigue siendo atractivo mantener las inversiones aquí y simplemente, si acaso, se compran coberturas precautorias. Por ello las calificadoras no han reaccionado, ni para emitir una alerta, porque es prematuro.

Cuanto más va a durar esta situación de incertidumbre, es muy difícil precisarlo con las información disponible, aunque luego de las fiestas de fin de año, en la vuelta a la realidad, veremos como la gente se decepciona rápidamente, sobre reacciona y las expectativas se revisarán a la baja sistemáticamente, hasta que se registren datos positivos, de hechos palpables, que la gente crea y que le beneficie en algo, ya sea con inflación menor, un mejoramiento en cuestiones de seguridad, o ingresos ligeramente mayores a los actuales. Conste que decimos ligeramente, para nada esperamos que los resultados sean espectaculares en ningún frente.