Opinión

El joven Jahar será clave para las investigaciones


 
Cuando Dzhojar Tsarnaev se ocultó herido en una lancha aparcada al lado de una casa luego de que su hermano mayor, Tamerlan, resultara acribillado en la calle Laurel del mismo barrio bostoniano, la madrugada del viernes 19 de abril, al enfrentar a la policía, el equipo de la FBI que lo capturó, especializado en el rescate de rehenes y apoyado por un helicóptero con cámaras infrarrojas, utilizó balas no letales y granadas de destello.
 
El objetivo era atrapar con vida, hasta donde fuera posible, a Dzhojar, de 19 años y presunto autor con Tamerlan (26) del atentado del lunes que demostró, 12 años después del martes negro, la vulnerabilidad de Estados Unidos al terrorismo en este caso interno, aunque con probables matices y ramificaciones externas que de entrada, han puesto una vez más en duda al aparato de espionaje, que conocía los supuestos vínculos de Tamerlan con los radicales islámicos del Cáucaso ruso y no hizo mayor cosa; es imposible no recordar así a varios de los pilotos suicidas de El Kaida, que se dieron el lujo de asistir a escuelas de vuelo en Florida.
 
Dzhojar, llamado por sus amigos Jahar, está vivo en el Centro Médico Beth Israel Deaconess, aunque grave y sin poder hablar por heridas en la garganta y la lengua, y el reto para las investigaciones, encabezadas hasta ahora por Richard DesLauriers, experto en contrainteligencia de la FBI, será aclarar las causas por las que los dos hermanos, nacidos en la república rusa de Dagestán, pero con raíces en la vecina Chechenia, lanzaron el ataque a 10 años de haber emigrado a EU y -lo más intrigante- de parecer asimilados en el melting por norteamericano.
 
Las carreras de ambos se habían acercado al éxito; Tamerlan, casado y con una niña, brilló como boxeador aspirante al equipo olímpico de EU mientras estudiaba en la Universidad de Boston, hasta que su arresto en 2009 por golpear a una novia, según su padre Anzor Tsarnaev, quien vive en Majachkala, la capital dagestaní, arruinó sus esperanzas de adquirir la nacionalidad estadounidense.
 
Conquistador
 
Tamerlan -nombre del gran conquistador mongol del siglo XIV- habría empezado a radicalizarse hace 3 años, cuando manifestaba no tener amigos estadounidenses y "no entenderlos". Musulmán devoto, en 2011 fue entrevistado por la FBI -que también revisó sus registros telefónicos y en Internet, relaciones personales y educación- a solicitud de los servicios rusos; el año pasado viajó al país euroasiático, donde se reunió con su padre y visitó el antiguo hogar de la familia en Chechenia, abandonado para emigrar a Kyrgyzstán (Asia Central) ante la guerra y la inestabilidad que arrasaron a la pequeña pero insumisa nación.
 
Dzhojar presenta un perfil más mundano, pero quizás influido por su hermano mayor, con el que vivía en Boston; se le consideraba tranquilo, pero sociable, un chico que disfrutaba recorrer las calles en patineta y que en las fiestas fumaba mariguana con sus amigos. Alumno de la prestigiosa escuela pública Cambridge Rindge and Latin, a unas cuadras de la Universidad de Harvard, integraba el equipo de lucha libre y en 2011 recibió una beca de 2,500 dólares para continuar sus estudios en la Universidad de Massachusetts en Dartmouth, durante una ceremonia en la alcaldía.
 
Como Tamerlan en 2004, atraído por las posibilidades de empleo y riqueza en EU, Dzhojar afirmó en la red social rusa Vkontakte que su meta personal era "una carrera y dinero", aunque definió con la palabra "islam" su visión del mundo. ¿Cuándo quedaron los dos enganchados a un posible grupo extremista? Si bien la situación de Chechenia ha mejorado, a nadie escapa que los últimos veinte años fueron terribles para la república, que trató de independizarse aprovechando la desintegración de la URSS y después se convirtió en el escenario donde a sangre y fuego Vladimir Putin afianzó su dominio en el Kremlin. Bajo niveles similares a los de Afganistán e Irak, el conflicto brindó una oportunidad inmejorable para que El Kaida extendiera su influencia regional.
 
En Boston, entre tanto, ya son evidentes los efectos del atentado. Los senadores Lindsey Graham y John McCain, los mismos que impulsan la reforma migratoria, exigieron a la Casa Blanca declarar a Dzhojar, a quien no se leyeron sus derechos, "combatiente enemigo", igual que los "sospechosos de terrorismo" que languidecen en Guantánamo. Y todavía falta esperar a que se recupere, para que sea interrogado y, en su caso, acusado formalmente.