Opinión

El invierno árabe ha regresado a la antigua Cártago


El invierno regresó al soleado país del Mediterráneo donde dio sus primeros frutos la 'primavera árabe' en 2011, con el artero homicidio de Chokri Belaid, líder laico de los Patriotas Democráticos y del Frente Popular, alianza que se opone a los fanáticos musulmanes que cada día ejercen más influencia en el gobierno de Túnez, tras el fin de la dictadura de Zine El Abidine Ben Alí.
 
En Túnez no se registraba un asesinato político de tal magnitud desde 1956, poco antes de la liberación de Francia, explica Al-Monitor, y la muerte de Belaid el miércoles afuera de su apartamento rentado en el barrio capitalino de El Mensá, a manos de pistoleros desconocidos, detonó violentas protestas que pueden reavivarse hoy, con el funeral del dirigente izquierdista y el llamado a huelga nacional lanzado por la Unión General de Trabajadores Tunecinos; la última vez que la central convocó a paro, en el lejano 1978, graves disturbios sacudieron al régimen de Habib Burguiba, sustituido por Ben Alí luego de ser declarado por médicos 'incapaz' de gobernar en 1987.
 
Pese a que el premier Hamadi Yebali, miembro del partido islamista moderado Ennahda (del Renacimiento), disolvió al gabinete y anunció su reemplazo con un grupo de tecnócratas mientras se organizan elecciones, además de condenar el homicidio, igual que Rashid Ghannuchi, fundador de Ennahda, y el presidente Moncef Marzuki -por cierto otro líder de izquierda y defensor de los derechos seleccionado por Ghannuchi para probar su 'apertura'-, puede afirmarse que Belaid anunció su propio asesinato, ante la intolerancia de los salafistas (sunitas radicales) y la pasividad con que las autoridades han atestiguado su crecimiento, en medio de una economía estancada por la caída del turismo europeo y el desempleo.
 
Poeta -uno de sus últimos poemas lo dedicó al intelectual libanés Husein Muruwa, liquidado por islamistas en los años noventa-, Belaid denunció que había recibido amenazas de muerte y la noche previa a su asesinato manifestó que 'quienes se oponen a Ennahda se convierten en blancos de la violencia' desatada por los oficialistas comités para Proteger la Revolución. A su vez, Salá Belaid, padre del también abogado que trabajó en la defensa del expresidente irakí, Sadam Husein, recalcó que el culpable 'es Ennahda y nada más', pues su hijo le confió que pasaba las noches oculto fuera de su hogar.
 
División
 
Pese a las continuas garantías de pluralidad lanzadas por Ghannuchi, el crimen exhíbe, señala AP, las pugnas al interior del gobierno entre salafistas y moderados, lo que confirmaría el rechazo expresado ayer por Ennahda a la creación de un nuevo gabinete, lo que los opositores habían demandado. El partido islamista se fortaleció en la Asamblea Constituyente aliándose con tres institutos menores, que le brindan una cómoda mayoría de dos tercios en dicho órgano, de 217 escaños.
 
"Gracias a este incremento, Ennahda y sus socios tienen el margen suficiente para enfrentar las dudas sobre nuestra legitimidad en la asamblea", subrayó Ziad Dulatli, miembro de la 'troika' que componen Ennahda y otros dos partidos.
 
Con menos de 11 millones de habitantes y un nivel de desarrollo similar al de Brasil o México, la antigua Cártago, cuna de la 'primavera árabe' tras la inmolación del vendedor callejero Mohamed Buazizi y el movimiento ciudadano que surgió en la plaza de la Casbá hace 2 años, era el ejemplo favorito para Occidente y el mundo árabe del proceso de democratización y modernización pacífico y estable. Hoy, sin embargo, sus límites quedaron expuestos; como en Egipto y en Libia, por no mencionar la descarada injerencia de las potencias que se disputan a sangre y fuego Siria, los islamistas, largamente reprimidos, quieren monopolizar el poder.