Opinión

El inoportuno aplauso de Carstens

10 febrero 2014 4:25 Última actualización 04 octubre 2013 5:2

 Sergio Negrete CárdenasA fines de enero de 2001, el banquero central de Estados Unidos, el entonces respetadísimo Alan Greenspan, dio un resbalón brutal. En testimonio ante legisladores de su país apoyó la propuesta de la administración Bush, con apenas días en el poder, de un fuerte recorte a los impuestos. Cuando debió ser una voz prudente, demandando al menos cierto equilibrio a un ímpetu que resultó desmedido por bajar la carga impositiva, y que llevó un déficit fiscal hasta hoy elevado, por el contrario brindó su aplauso. Hace unos días el banquero central de México, el respetadísimo Agustín Carstens, dio un resbalón parecido. Ante los asistentes del Foro Forbes, restó importancia al aumento del déficit público propuesto por el gobierno de 2013 en adelante. Los niveles de deuda pública son relativamente bajos, dijo, y su trayectoria se vislumbra estable. Lo único que le quita el sueño, externó en frase memorable, son los perros del vecino. El ex subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional está en lo cierto sobre la deuda y su trayectoria, pero no debió restar importancia a un claro cambio en la política económica que aleja todavía más a las finanzas públicas del equilibrio presupuestal. Si la administración Peña Nieto pasó en poco menos de 10 meses de un compromiso con dicho equilibrio a una postura que aumenta claramente el déficit, es para elevar una voz llamando a la prudencia, sobre todo cuando la voz pertenece al gobernador de un banco central autónomo. Una voz que debió argumentar enfáticamente que un déficit transitorio para este año y quizá 2014 podía justificarse, pero no para todo el sexenio. No un duro reproche que asustara a los mercados, pero sí un llamado de alerta. Esto porque un gobierno que tan rápido altera su propuesta fiscal (para peor) puede mostrar posteriormente similar entusiasmo por incrementar todavía más el ritmo del gasto sin tener el ingreso. Porque un crecimiento económico impulsado con déficit puede presionar las tasas de interés al alza y, crucial para el Banco de México, provocar mayor inflación. Y además, porque el escenario en materia de ingresos públicos es para mantener a cualquiera sin poder dormir con perros o sin ellos. Si las explotaciones a nivel global de petróleo y gas por medio de la fracturación hidráulica llevan a un fuerte aumento de la oferta que supere la demanda, el resultado será una caída o incluso colapso de los precios en pocos años. Esto es, el gobierno tendría que estar ahorrando para una posible tempestad futura, no aumentando el déficit aduciendo que la tormenta está ocurriendo hoy y que en pocos años habrá un sol esplendoroso. Carstens sólo tenía que haberse visto en el espejo de su pasado reciente. Como secretario de Hacienda y Crédito Público mantuvo las finanzas públicas en equilibrio a pesar de la fuerte desaceleración de 2008, frenazo muy parecido al que está experimentando la economía actualmente. Sólo en una durísima recesión, en 2009, permitió un déficit significativo. El problema es que ese nivel de desequilibrio se mantiene desde entonces, y ahora el actual gobierno le agrega más (para 2014 el déficit previsto será de 3.5 por ciento del PIB, el más elevado desde 1990) pero sin que haya una fuerte recesión que lo justifique. A diferencia del personaje de Juan Rulfo, el gobernador del Banxico sí oye ladrar a los perros. Pero aparentemente esos aullidos no le permiten escuchar el canto de las sirenas deficitarias que ahora embelesa al gobierno peñista, propiciando un impetuoso viraje en el timón fiscal. Por el contrario, Carstens ha otorgado un tenue pero inoportuno aplauso al coro.  Twitter: @econokafka
 
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