Opinión

El Infierno

 
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(Especial)

Para Denise Dresser, con admiración.

Nuestra humanidad está determinada por lo que nos permite asir el mundo: el lenguaje y nuestras manos. Son ellas las que primero nos acarician, nos abrazan, aprietan, aplauden y señalan. Trabajan, sujetan, lanzan, golpean, rezan, imploran y escriben. “Para hacer esta muralla, tráiganme todas las manos”, manos que denuncian con guante negro y un puño alzado en un idealista 68; mano negra, mano dura, manos llenas, arriba las manos, mano larga; la mano de Dios, entre tus manos, pedir la mano, echar una mano, llegar a las manos, manos vacías, el corazón en la mano, la mano sobre el corazón.

Manos, condición indispensable del trabajo de pintores, escultores y músicos; manos en las pinturas rupestres de las cuevas de Santa Cruz; Dios a punto de crear al Humano en la Capilla Sixtina; y en el trabajo de artistas contemporáneos como Alberto Giacometti, Alexander Calder, Douglas Gordon, entre muchos; aunque probablemente sea Bruce Nauman el que ha hecho de las manos uno de los temas recurrentes de su trabajo.

Nauman (Indiana, 1941), quizás el artista vivo más importante, ha trabajado en un gran variedad de medios. Fifteen Pairs of Hands es una instalación compuesta de esculturas, y fue la exposición central del pabellón estadounidense en la 53 Bienal de Venecia, en 2009. Sobre bases de metal pintadas de blanco, Nauman dispuso 15 pares de manos de bronce, separadas del cuerpo, y congeladas en diferentes gestos, algunas imitando a las otras, y otras unidas en figuras distintas que, sin embargo, se complementaban. Estas esculturas que no retoman ningún signo del lenguaje de señas, parecen crear un alfabeto a partir de la atención y las emociones que suscitan en el espectador.

From Hand to mouth (1967) es una escultura de cera con tela, un molde del artista que empieza en la boca, pasa por cuello y brazo, y termina en la mano. En esta frágil sección de su cuerpo, el artista habla sobre la conexión entre mano (acto) y lenguaje (pensamiento), y hace evidente su persistente interés por los gestos y las palabras. Es bien conocida la influencia que ha tenido sobre él Ludwig Wittgenstein (Viena, 1889), filósofo, matemático y lingüista austriaco, quien desarrolló varias de las teorías más importantes del lenguaje del siglo pasado.

Cuando el juez Tercero del Distrito de Veracruz, Anuar González Hemadi, liberó a Diego Cruz porque “tocó, pero no penetró”, “penetró, pero no con pene”, “tocó y penetró, pero no sintió placer”, por ende “no es abuso sexual”, sólo tomando en cuenta al victimario, uno siente que obras como las de Nauman se derriten amorfas en el infierno, y ya no hay manos, ya no hay bocas, ya no hay pensamiento, ya no hay palabra.

¿Qué mensaje sienta este precedente? A este averno se suman la impunidad y la corrupción, aterra la violencia sobre el cuerpo de la mujer que reproduce, de generación en generación, un machismo trastornado.

“Las manos son el instrumento de la inteligencia del Hombre” dijo la educadora italiana María Montessori, y la educación es la única forma de paliar este mal. La seguridad de las mujeres, la igualdad de condiciones laborales, el derecho a decidir sobre su sexualidad y su cuerpo, son agendas generacionales y nacionales. La SEP tiene que tomar este tema entre sus manos, encontrar contenidos adecuados para introducir desde muy temprana edad esta problemática en las escuelas. El problema es profundo y hay que cambiarlo de raíz, y sin avances claros en temas de género, no habrá avance en ningún otro frente.

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