Opinión

El inesperado triunfo del PRD

Contra su tradición y sus costumbres, el Partido de la Revolución Democrática tuvo una elección limpia, con resultados claros en un proceso creíble.

Se instalaron ocho mil 240 casillas, lo que equivale a 99.95 por ciento del total, y un millón 849 mil perredistas sufragaron para seleccionar consejeros nacionales que, a su vez, habrán de elegir al nuevo presidente nacional de ese partido.

En síntesis, el proceso fue “ejemplar”, dijo el Instituto Nacional Electoral (INE), que colaboró con la elección perredista.

Se trata de un hecho inédito en la historia del PRD, pues desde que elige dirigentes nacionales por la vía directa siempre ha terminado en pleito. En esta ocasión no es por un mecanismo directo, aunque sí plenamente democrático y con la participación de la militancia.

El PRD ha salido fortalecido de esta elección y sus consejeros tienen un mandato claro acerca de quién será su nuevo dirigente nacional, Carlos Navarrete, miembro de la corriente Nueva Izquierda, es decir Los Chuchos.

Vamos a ver si esta civilidad mostrada por los perredistas logra mantenerse en los siguientes meses, que es cuando será sometida a la prueba de fuego por las candidaturas a diputados y gobernadores.

Antes de que ello ocurra, es preciso subrayar lo positivo del proceso perredista y lo astuto de sus dirigentes para sortear el peligro.

Al ver que la confrontación de personalidades los podía fracturar, optaron porque la elección de nuevo presidente nacional fuese a través de los consejeros nacionales, y éstos fueran electos por la vía universal y secreta.

Los perredistas fueron sensatos, y el método elegido les salió bien.
Tan fue óptimo y exitoso el experimento democrático del PRD, que su principal adversario, Andrés Manuel López Obrador, declaró que los comicios perredistas estuvieron marcados por la compra de votos y el tráfico de despensas. Algo que, obviamente, nadie vio porque no sucedió.

El proceso interno del PRD hizo enojar a López Obrador, quien esperaba cachar los pedazos de partido roto después de un choque de trenes el domingo pasado. Se quedó con las ganas. Su candidato, el caos, perdió abrumadoramente.

Con la votación obtenida no hay ni habrá duda acerca de la legitimidad de Navarrete como presidente nacional de ese partido.

Sin embargo, al PRD le falta cruzar la prueba más difícil que es la elección de candidatos a diputados y otros puestos de representación popular que estarán en juego el próximo año.

Los que no queden conformes con la inminente elección de Navarrete, tendrán la opción de irse a Morena, que va a abrevar de las bases perredistas en la elección que se avecina.

El éxito de Morena pasa por la erosión del PRD. Esta vez no se dio el cataclismo que esperaban con “compra de votos y entrega de despensas”, pero la selección de candidatos será otra cosa.

Aunque así como los perredistas encontraron un método democrático para tener una elección interna sin fracturarse, también es posible que realicen elecciones para nominar candidatos en una fecha adecuada que impida a los derrotados irse a Morena.

De darse ese escenario y mantienen la unidad a pesar de todos los fantasmas que se alinean en su contra, ese partido pueda darnos también la gran sorpresa de consolidarse como el principal bastión de la izquierda.

Y será una izquierda republicana y con espíritu democrático. Ojalá así suceda.

Twitter: @PabloHiriart