Opinión

El INE, más papel de baño

 
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El Consejo general de INE hará la votación este próximo Miércoles. (Archivo/Cuartoscuro)

Tuve un jefe que cada que le pedía una plaza nueva, contestaba con un lamento: úchale, más papel de baño. Mi jefe era también hijo del dueño de la compañía, y donde yo veía que hacía falta un editor, él veía más gastos que los meramente necesarios para el sueldo de la persona a contratar.

La noticia de que el Instituto Nacional Electoral (INE) pretende construir unas torres que costarán alrededor de mil 84 millones de pesos me hicieron recordar a mi exjefe y dos cosas más.

Tengo un amigo que es afiliado del ISSSTE. Hace unos días me contó que le aqueja una dolencia en la pierna izquierda. “Me mandaron hacer Rx de la columna, tengo cita el 24 de noviembre”, me dijo vía WhatsApp. “A ver si para entonces no te duele también la otra pierna”, quise bromear como respuesta. “La cita la tengo desde hace cuatro meses”, agregó. Ya no tuve estómago para intentar otra broma.

De la otra cosa que me acordé fue de Liz, una chica de Guadalajara que hace cinco años puso un canal de YouTube sobre manualidades, canal que hoy tiene más de dos millones 224 mil seguidores (https://www.youtube.com/user/craftingeek).

Los consejeros del INE alegan que la obra que pretenden construir es necesaria pues la ley electoral de 2014 les aumentó carga en tareas de capacitación y fiscalización, entre otras, y que por ende requieren más espacios para la multitud de trabajadores eventuales que han contratado en dos años (entre 2013 y 2015 esa nómina pasó de cinco mil 526 a 27 mil 327. Reforma 15/10/15). El INE alega también que eventualmente esta obra redundará en beneficios, porque dejarán de pagar algunas rentas y legarán al Estado otro inmueble.

Los consejeros del INE son gente preparada que han perdido contacto con la realidad y la sensatez. No ven que la obra que pretenden es faraónica, digna de un sinsentido soviético. De construirse, esas torres no significarán fortaleza democrática sino debilidad institucional.

México debería estar construyendo hospitales y escuelas, no edificios electorales. Si mil 84 millones de pesos representan una barbaridad frente a carencias de educación y salud, los señores del INE pasan por alto que en efecto mi exjefe tenía razón: operar esas edificaciones impactará de manera significativa en el presupuesto, es decir en las arcas públicas. ¿Y todo eso para organizar elecciones que se supone que son ciudadanas? Carísimas elecciones no implica mejor democracia.

Los del INE se ponen en el papel de víctima: la ley nos obliga a más así que dennos más. Gente de más nivel pensaría un poco antes de concluir que la única solución a los problemas es gastar más recursos.

Si Liz, la chica de Craftingeek, hubiera trabajado en el INE, su proyecto de tutoriales en manualidades no habría jalado: de saque habría planteado que necesitaría un salón gigantesco con cientos de butacas y de estacionamientos. Como sólo requirió de una cámara casera, un espacio doméstico y el uso de las nuevas tecnologías (YouTube), su proyecto voló hasta convertirse en una cotizada startup.

En el INE deben explorar si la capacitación y la fiscalización pueden ser hechas mediante recursos más baratos, novedosos (¿utilizando Internet?) e incluso más efectivos. Y deben ahorrar dinero al Estado para que éste no tenga pretexto para dar citas de Rx a cinco meses de distancia.

Los del INE –que por su apetito de dinero ya parecen partido político– deberían cuidar lo que queda de la imagen del sistema electoral mexicano, porque las torres que pretenden construir implican mucho más que más papel de baño.

Twitter: @SalCamarena

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