Opinión

El imposible regreso a la Guerra Fría/¿Guerra Fría
vis a vis globalización?

En las últimas semanas se habla del regreso a la época de la Guerra Fría, como consecuencia de la anexión de Crimea a Rusia y la amenaza de una invasión a Ucrania. ¿Es factible que regresemos a esa etapa de la postguerra caracterizada por un enfrentamiento ideológico y político entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética?

Si bien existen políticos y formadores de opinión, los llamados “halcones”, que quisieran regresar a la “predictibilidad” y sencillez del conflicto/modelo este-oeste o que consideran que las recientes acciones del presidente Putin son una amenaza a la paz y seguridad mundial, la realidad es que difícilmente el mundo puede regresar a esa etapa de la historia que terminó hace casi 30 años, con la disolución de la Unión Soviética.

No obstante que no se ha alcanzado la universalización del modelo occidental de democracia liberal, la batalla ideológica entre comunismo y capitalismo está superada y puede afirmarse que la globalización ganó la Guerra Fría.

A pesar de las amenazas de Putin de tomar medidas drásticas en defensa del interés nacional o por parte del presidente Obama y sus aliados europeos de aumentar las sanciones, la realidad económica se impone. La crisis financiera de 2008 mostró la interdependencia de los mercados y es claro que la economía mundial no puede estar sujeta a la inestabilidad que provocaría una escalada de violencia o una mayor polarización.

La era de la globalización también ha mostrado que la multiplicación de actores, así como la velocidad con que se transmite la información, hace más difícil o lenta la toma de decisiones. Se requiere contar con el apoyo de la población o del legislativo antes de emprender acciones que en la época de la Guerra Fría eran tomadas por una sola persona. Además, en las democracias occidentales hay que tener presente el calendario electoral antes de aventurarse a iniciar o participar en cualquier conflicto.

Aun cuando Putin deje ver su nostalgia de regresar al “statu quo ante”, por volver a ser superpotencia y demostrar que es capaz de tomar medidas drásticas en defensa del interés nacional, su capacidad de acción se ve limitada.

La economía rusa está basada en la producción de petróleo y gas, que representa más de la mitad del presupuesto nacional. Las exportaciones de estos productos se concentran en países occidentales y cualquier variación de precios afecta sus expectativas de crecimiento. De hecho, sus tasas de crecimiento económico no han logrado recuperar los niveles de antes del 2008, a pesar de ser uno de los países del G20 que ha instrumentado una buena parte de las medidas acordadas para superar la crisis. En 2013 creció 1.3 por ciento y se estima que en 2014 lo haga en 2 por ciento. La inversión directa ha disminuido y la creciente incertidumbre e inestabilidad provocada por el enfrentamiento con los países del G7 hace predecible que se mantenga a la baja. Basta recordar la caída de la bolsa de valores tras el primer envío de tropas a la frontera con Ucrania.

La ventaja comparativa que le dio a la Unión Soviética la inversión en capital humano no ha sido mantenida después de la Guerra Fría. Ello ha afectado la capacidad de innovación tecnológica, de diversificar sus mercados, de emprendimiento y de atracción de inversiones.

A pesar de ello, Rusia ha logrado colocarse en una posición de jugador de primera línea, no sólo siendo un factótum en difíciles negociaciones internacionales, sino logrando incomodar a Estados Unidos por situaciones como el recibir a Edward Snowden, filtrar llamadas entre altos funcionarios del Departamento de Estado o la debilidad de sus fuentes de inteligencia en el caso de Crimea.

El resultado de la resolución de Naciones Unidas, condenando la anexión de Crimea, también dejó en claro que Rusia no esta aislada. Cuenta con fuertes aliados que tampoco han querido adaptarse del todo al fin de la Guerra Fría o que aprovechan ciertas situaciones para avanzar sus intereses nacionales.

Si la globalización ha permitido dejar atrás la Guerra Fría, persisten características que le fueron propias y que seria urgente atender: los nacionalismos extremos, las desigualdades, la desconfianza, la alteración del equilibrio de poder y las falsas percepciones. Esperemos que un error de cálculo no nos haga regresar a lo más álgido de la Guerra Fría.