Opinión

¡¿El imperialismo a través del descontento social?! ¿O la paranoia de lo inviable?

18 abril 2014 14:32
 

El conflicto en Venezuela sigue sin resolverse después de ya varios meses de violencia y pérdidas humanas. Dentro del caos que ha desatado dicha violencia, identificar las causas del problema resulta ser una tarea nada simple, empero, en esta nota se hará un intento por explorar algunos puntos clave del conflicto y algunos “errores” centrales del proyecto chavista.

Primero, conviene discernir acerca de la paranoia del discurso chavista y ahora madurista que sostiene que el imperialismo estadounidense tiene como objetivo desestabilizar el proyecto bolivariano y con ello quitarle el poder a la clase trabajadora. Esta paranoia cierra por completo los canales de discusión y debate con cualquier oposición e impide observar que existen problemas serios en el modelo implantado desde hace 15 años. Esta afirmación hecha sin el menosprecio que, en efecto, a río revuelto, podría haber alguna injerencia externa. Sin embargo, no es suficiente para resolver el conflicto. Más acusaciones de golpistas a la oposición no han generado menor participación popular en las protestas.

Estados Unidos, el principal acusado de instigar las protestas, es uno de los principales compradores de petróleo de Venezuela. En el 2013 representaba aproximadamente el 35 % de las ventas petroleras de Venezuela, con una oferta promedio diaria de 750 mil barriles diarios. Aún más, en el 2007 representaba el 50% con 1.4 millones de barriles diarios. La producción de petróleo venezolana ha rondado alrededor de los 2.8 millones de barriles diarios.

Venezuela ha padecido, desde hace mucho tiempo, la incapacidad (?) de invertir los recursos procedentes de la renta petrolera, en proyectos productivos rentables. El periodo chavista y madurista no ha sido la excepción. Sin embargo se han añadido dificultades. Las “altas rentas” petroleras han estado, fundamentalmente dirigidos o comprometidos a otros programas sociales, lo cual no es criticable en si mismo, siempre y cuando, después de un periodo importante de ser aplicados muestren resultados, por ejemplo, para el crecimiento no petrolero de la economía. Lo que en realidad ha ocurrido es que se apostó por un programa asistencialista que ha generado un amplio sector rentista que ahora, ante la brecha tan grande entre el ingreso y el gasto fiscal, los beneficios de programas como barrio adentro, ya no pueden seguir pagándose o hacerlo, como ha ocurrido, ha significado que los bienes de consumo más necesario escaseen, de manera aguda.

El resultado neto es que la atención prioritaria a los pobres paradójicamente los ha incorporado a la protesta social. Con abundancia de petróleo, la economía venezxolana está sumida en un caos y escasez de oferta que auspicia las inconformidades no solo de la clase media, también de muchos grupos sociales populares. Es inexacto que solo protestan los burgueses.

Así, el discurso ambiguo y autoritario, más que “socialista” ha terminado por generar incertidumbre en toda la economía. Ante el precario efecto multiplicador que tuvo la renta petrolera venezolana y un modelo de crecimiento sustentado sólo en la venta petrolera, las empresas estatales no incrementaron su eficiencia (empresas en las cuales los sindicatos y trabajadores no tienen participación alguna, pues las decisiones son tomadas de forma totalmente jerárquica). Aunado a ello toda la clase empresarial (desde pequeños hasta los grandes corporativos), se rehúsan a invertir ante la constante amenaza de las expropiaciones.

Así el desarticulado sistema industrial y la escasez de divisas genera el desabastecimiento que actualmente sufre la población en bienes tan elementales como: leche, papel higiénico granos, entre otros. A su vez genera la vertiginosa y excesiva inflación que se ha presentado los últimos años en Venezuela. Actualmente, es del 54 % inter anual. Dicha inflación arroja por la ventana los marginales resultados de programas como los de barrio adentro y agudiza la desigualdad. Todo esto es lo que anima a estudiantes, trabajadores y opositores a ir a las calles. En Venezuela hay un descontento social importante, lo cual dista mucho de un golpe de Estado aunque, de persistir, podría auspiciar uno. Lo anterior no implica que los grandes emporios petroleros no se estén relamiendo los bigotes por que se genere algún cambio a su favor. Pero esa posibilidad no se cancela con balas a los estudiantes y burlas a todo el que no esté de acuerdo con el gobierno. En Venezuela urge aquella sabia conseja que dice: yo no pienso como tú, pero creo que en esto tienes razón.

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM

semerena@unam.mx