Opinión

El hotel Xcaret México, entre la estética y la ética

 
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Xcaret

Tal como lo anunciaron hace un año, y gracias al trabajo simultáneo de más de cinco mil personas, este 2 de diciembre fue inaugurado en la Riviera Maya el hotel Xcaret México, con una inversión de poco menos de 7.5 millones de pesos por cada una de sus 900 habitaciones.

Llegué al hotel un día antes y después de alojarme en el cuarto bajé a comer en uno de sus diez restaurantes. Ahí me encontré a la esposa de Carlos Constandse, uno de los fundadores y socios del Grupo Experiencias Xcaret, quien muy entusiasmada me preguntó: “¡¿Qué te parece?!”. Tal vez no recibió la respuesta que esperaba, le dije que acababa de llegar y aquello era demasiado, muchas cosas qué ver, cantidad de información para procesar. Sonrió, se despidió y siguió su camino.

Al día siguiente por la mañana realizamos un recorrido por las instalaciones que duró un par de horas. A medio tour coincidimos con el propio Carlos, quien repitió la pregunta y obtuvo la misma respuesta. Todavía era muy pronto para emitir una opinión con certeza.

Dos días después, camino al aeropuerto de Cancún para tomar el vuelo de regreso, mi reflexión me llevó a sólo dos palabras —no exentas del lugar común—: el hotel Xcaret México es espectacular y único. Sin embargo, aunque ambos calificativos no son muy originales, sí toman especial sentido porque, en un destino turístico donde en las últimas dos décadas los hoteles han surgido como hongos, casi por generación espontánea, sumando cientos, no recuerdo que alguno de la región se asemeje a este proyecto de la empresa que comanda Miguel Quintana Pali.

Y es que esta nueva propiedad de cientos de hectáreas está llena de grandes y pequeñas cosas que hay que ver por igual. Lo mismo admirar las caletas privadas que construyeron o la manera en que adaptaron lo más posible el entorno natural del terreno al diseño del hotel, en lugar de arrasar primero y luego construir, como es lo usual; así como los detalles que brotan por todos lados y le dan identidad al lugar, muy al estilo de Quintana y los tres hermanos Constandse, es decir: el sello de Xcaret, que siempre lleva la esencia de México por delante.

Según explican, el noventa por ciento de los proveedores de los materiales de construcción fueron locales o del resto del país, así como los artesanos, a quienes encargaron más de mil obras bordadas a mano en Chiapas; de Guadalajara trajeron 900 piezas talladas de ónix convertidas en lámparas que adornan cada suite, así como azulejos artesanales que decoran los baños; además de insumos en madera, papel amate, talavera poblana, barro negro oaxaqueño y plantas cultivadas en los propios viveros de la empresa.

El diseño de los diferentes edificios de entrada parecen demasiado modernistas para su entorno tropical, pero la combinación de materiales lisos con la piedra caliza le dan ese sabor a Xcaret que está presente por todos lados.

A pesar de que este proyecto turístico, que terminará de construir todas sus etapas dentro de once años, sumando una inversión de dos mil millones de dólares, es uno de los más importantes que están en marcha en el país, el presidente Enrique Peña Nieto no asistió a la inauguración, lo cual se agradece, porque con la ausencia del Estado Mayor Presidencial, que suele entorpecer cualquier evento, la ceremonia fluyó como cualquier fiesta, sin acartonamientos políticos y diría que hasta de una manera cálida e íntima.

El gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín, y el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, regalaron discursos breves y relajados, muy a tono con el ambiente de la inauguración. Porque, quizá lo que más llamó la atención, fue que el protagonismo del momento recayó en las nuevas generaciones de los Quintana y Constandse.

Ahí, en primera fila, estuvieron sentados Miguel Quintana y sus socios Carlos, Marcos y Óscar Constandse Madrazo, pero ninguno de ellos tomó la palabra. Los discursos y las explicaciones estuvieron a cargo de sus hijos.

Marcos Constandse Redko, director general del proyecto, puso énfasis en que son una empresa cien por ciento mexicana y en el aspecto de sustentabilidad del proyecto; en tanto que David Quintana Morones, director ejecutivo de desarrollo, habló de cómo su padre —hijo de madre hawaiana y padre poblano, nacido por accidente en Boston— le inculcó “este amor por México y la naturaleza”, para terminar su discurso con un: “gracias, pa´”, seguido de un abrazo y un beso, mientras su esposa no podía evitar las lágrimas.

Minutos antes, Francisco Gutiérrez, director ejecutivo de la división hotelera del grupo, definió concisamente lo que es el hotel Xcaret México: “tiene el balance justo entre la estética y la ética”. Y tiene razón, el resultado es espectacular y único.

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