Opinión

El horario de Dios

Inconformes de Oaxaca sólo respetarán “el horario de Dios”. El problema es que no sabemos cuál es el horario de Dios, ¿el del verano o el del invierno?

Gamés y la señora Gamesa han tenido agrias discusiones y no se ponen de acuerdo: el nuevo horario, ¿resta o suma una hora a nuestras vidas? El asunto llegó hasta el insulto filosófico: sofista, idealista inenarrable; todo lo racional es real, menos tú. Había un punto de acuerdo, Gil lo leyó en su periódico Milenio: en Oaxaca, 428 ayuntamientos regidos por usos y costumbres no acatará el nuevo horario, lo mismo que 13 mil 500 escuelas donde acuden un millón 126 mil alumnos.

Los inconformes que se han negado a adoptar la hora de más o de menos, según se vea, en su mayoría población indígena, afirman que sólo respetarán “el horario de Dios”. El problema es que no sabemos cuál es el horario de Dios, ¿el del verano o el del invierno? Si vemos el mundo, el horario de Dios es el de invierno, un crudo invierno, sin vida inteligente. Por su parte, los profesores de la Sección 22 de la CNTE sostiene que la oposición al nuevo horario tiene su origen en 26 años de lucha. ¿Qué horas son, compañero del magisterio? Cuarto para las plazas heredadas con la media en el plantón. La mejor hora del mundo, compañero, la hora de cobrar sin trabajar.

En San Juan Mixtepec, a 245 kilómetros de la capital oaxaqueña, el reloj de la iglesia marca las horas, pero los habitantes de la pequeña ciudad rigen su tiempo con el sol: “el astro rey sale por el oriente y se oculta por el poniente. Cuando apenas se asoma se oye el puntual cantar de los gallos, la hora del trabajo. Yo no tengo reloj, eso es sólo para la gente pudiente”, dijo el campesino Gregorio Santos. Don Gregorio, usted no puede ver a Gil, pero acaba de darle un martillazo en la carátula a su reloj de muy buena familia, un Longines. De ahora en adelante tomará su lugar en el amplísimo estudio cuando cante el gallo. Qué raro, los usos y costumbres se parecen mucho a las posturas de la izquierda que reúne a los activistas de Morena. Los relojes, instrumentos de la ultraderecha, sirven para marcar la hora de la venta del petróleo, la entrega del país y, en fon. Griten y marchen con Gamés: burgueses, cabrones, por eso están panzones, ¿o cómo era?

Si obedeciéramos a los usos y costumbres del México profundo, todas las tardes, a las seis y media, cuando el sol se oculta por el poniente, deberíamos golpear a nuestras mujeres, una buena soquetiza por tardarse en traer la comida a la mesa. El presidente municipal de San Juan afirma que “la postura de la gente no refleja una rebeldía, sino un respeto a sus propios derechos, que no tienen que ver con lo que deciden los de arriba, porque nuestra fuerza es la voluntad del pueblo”. Miren: no nos engañemos, el sol es un reaccionario de ultraderecha, se le ha visto en la oficina del secretario Videgaray. Sol: vendepatrias.

Para no equivocarnos con los usos y costumbres, Gamés propone suprimir el tiempo y entrar de lleno en la eternidad. Adelfo Regino, secretario de asuntos indígenas de Oaxaca dijo esto: “No creemos que Oaxaca asuma una posición de unilateralidad, sino que sólo hace valer su complementariedad con base en su propia diversidad cultural”. Con base en su cabeza de chorlito, el señor Adelfo dice una cantidad de barbaridades en muy pocas palabras. A partir de este momento, en el amplísimo estudio siempre será medianoche, así lo ha decidido Gamés y punto com.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y perdió los estribos: esto es lo que pasa cuando se difunde la idea de que los indígenas son sabios y su tiempo ancestral. Van a perdonar los campeones del humorismo blanco, desde el subcomediante Marcos hasta Hermann Bellinghausen, pero Gilga no se va a tragar el mito de que los indígenas guardan una enorme sabiduría en sus casitas de adobe. Y dicho sea de paso, el famoso México profundo de Guillermo Bonfil Batalla le parece a Gamés una vacilada del legendario antropólogo que ha dado lugar a innumerables tonterías sin freno. Gil encontró los estribos y guardó silencio.

La máxima de San Agustín espetó dentro del ático: “No hubo tiempo alguno en que no hubiese tiempo”.

Gil s’en va

Correo: gil.games@elfinanciero.com.mx

Twitter:@GilGamesX