Opinión

El hombre más sabio del cine

Pierre Rissient o el crítico profeta. Pocos como él en la historia del cine. Hombre de enorme misterio que se dedicó desde su juventud a administrar cines y a programarlos y luego a promover formalmente todo tipo de películas, Pierre Rissient (n. en 1936), no escribió un libro aunque hizo dos títulos que oscilan entre la mitología personal, la pornografía soft y la metafísica pura (Alibis de 1977 y Cinq et la peau de 1982), pero su mayor logro es el de ser un notable espectador. Crítico por definición y vocación, Rissient fue y es profeta en su tierra; heraldo de una serie de directores a los que apoyó a lo largo de su carrera, lo mismo Sydney Pollack que Clint Eastwood; King Hu que Hsiao-Hsien Hou; Quentin Tarantino que Abbas Kiarostami. O sea, un crítico profeta con el ojo y la voluntad de analizar y explicar en qué consiste en debutantes y en muchos otros más la madera de la que está hecho un gran director de cine.

Pierre Rissient o el cine soy yo. Verdadero retrato del cinéfilo en activo que nunca renuncia a sus dogmatismos ni a sus aficiones, ya sean viejos autores del western, como Anthony Mann, como a su curiosidad fílmica que le significó ser asistente tanto de ese emblema de la novedad que es Jean-Luc Godard en su clásico Sin aliento (1960) como del desatado erotómano José Bénazéraf (1922-2012) en sus inicios pre-porno de París Erótika (1963), Rissient es la absoluta encarnación de una suerte de Jorge Ayala Blanco francés, que a cada paso de su vida declaró ser el cine mismo en todas sus facetas, sin intimidarse ni renunciar a sus certezas. Cinéfilo, pues, que apostó siempre por encontrar “el Ojo” de cada director, que asumió con pasión sus opiniones, que transformó la cinefilia en una suerte de militancia a favor de lo fílmicamente esencial “por las razones correctas”, se había mantenido -se sigue manteniendo a sus 78 años de edad- en un discreto segundo plano como promotor fílmico y amigo de Bertrand Tavernier, así como de todos aquellos que descubrió a lo largo de los años, para ahora dar el gran salto a la pantalla grande en el film Pierre Rissient: man of cinema (2007, Todd McCarthy), como justo homenaje a su vida y obra que comienza en la creación de un cineclub años 1950 para concluir en objeto de culto en el nuevo milenio, tal cual lo exige el canon de festivales, en este caso el reciente de Morelia.

Pierre Rissient o el hombre enigma. ¿Cómo pudo convertirse en leyenda un hombre que al parecer lo único que ha hecho en su vida es sólo ir al cine? A saber. El hecho es que este inquieto cinéfilo estuvo en el momento correcto y en el lugar adecuado, primero promoviendo sus films y cineastas favoritos, luego importando y distribuyendo todo tipo de títulos en Francia, y finalmente participando en diversos festivales, empezando por Cannes. A medio camino entre el solterón fetichista y el monástico espectador que vicariamente espera la santificación asumiendo que puede acertar siempre por su buen gusto y su intuición innata, Rissient, en el documental que su colega y amigo McCarthy escribe y dirige basándose en su vida y milagros, aparece como el tierno aficionado siempre adolescente que fue convirtiéndose en personaje esencial para el cine por la contundencia de sus opiniones.

Pierre Rissient o la pasión por las imágenes. Lleno de anécdotas sobre su amistad con Fritz Lang y otros muchos cineastas, el documental es una suma de voces que dan cuenta de cómo un espectador atento se transforma en consciencia del cine y sus diversas expresiones a lo largo del tiempo. La inquietud por ver se transforma en la sabiduría del crítico que mantiene un rigor analítico y una pasión constante por descubrir en las imágenes una novedad perenne; por insistir en cada paso que siempre existe una perspectiva múltiple en la cinematografía, esa expresión artística que es la más compleja de la historia de la humanidad. También la más popular de todos los tiempos.

Pierre Rissient: man of cinema expone nítidamente y con enorme humor la vida del cinéfilo por excelencia que al fin es captado con todas sus luces, contradicciones y misterio para la posteridad, primero como, en efecto, hombre de cine y después como inquieto personaje que acumula films en su memoria para revelarse como uno de los que más sabe de cine en todo el mundo. Lo que no es poco considerando que para este oficio tener una vocación tan firme revela que el arte de las imágenes es absolutamente fascinante.