Opinión

El hartazgo estadounidense contra México

El pasado 24 de junio el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) anunció que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), lo más cercano a la medición de un PIB mensual, creció en abril de este año un magro 0.5 por ciento a tasa anual en términos reales. Ante este nuevo balde de agua helada para la economía nacional, muchos analistas quisieron buscarle el lado amable a la cifra y comenzaron a señalar que la recuperación económica está en puerta ya que el IGAE creció en abril 1.25 por ciento respecto al mes inmediato anterior.

Desde nuestra óptica, no se trata de ver el vaso medio vacío o medio lleno, sino de observar la realidad. La economía nacional sigue sumida en problemas, y esto queda evidenciado al analizar las variaciones del IGAE a tasa anual durante los primeros cuatro meses de 2014: enero 0.9 por ciento, febrero 1.6, marzo 3.2 y abril 0.5 por ciento. Esto implica que si se quiere alcanzar la meta de crecimiento del PIB de 2.7 por ciento (recientemente ajustada por la Secretaría de Hacienda) tendremos que crecer a una tasa anual de 3.3 por ciento en promedio en los meses de mayo a diciembre de este año, algo que se antoja prácticamente imposible.

Por si esto fuera poco, tenemos que en el periodo de mayo de 2013 al mismo mes de 2014 en nuestro país el número de trabajadores registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) aumentó en apenas 530 mil 318 personas, equivalente a un aumento de 3.2 por ciento. Es importante señalar que esta cifra está “inflada” por las actividades de regularización del empleo por parte de las empresas, por lo que no todos son empleos nuevos.

De cualquier manera, el hablar de que en un año aumentó el empleo formal en México en poco más de 530 mil unidades, denota que se está muy por debajo de la meta de creación de empleos que deberíamos estar generando cada año, la cual es de al menos 1.2 millones de puestos de trabajo.

Desde luego que la débil actividad económica, aunada a la escasa creación de empleos, provoca que muchas personas vayan a parar a la economía informal, que otros tantos se involucren con el crimen organizado, y que otros más opten por emigrar hacia Estados Unidos, nación que en 2012 ya tenía a 6.1 millones de mexicanos residiendo de manera ilegal.

La falta de oportunidades de empleo en México y la válvula de escape que representa la emigración hacia Estados Unidos es algo que ya parece normal en nuestro país, por lo que ya no le prestamos la debida atención. Casi a diario escuchamos notas sobre este fenómeno y de las tragedias que hay detrás de la emigración, y parece que ya hasta el gobierno mexicano acepta esta situación como dada y no se preocupa por resolverla desde México, ya que de lo contrario se preocuparía por generar las condiciones propicias para que se crearan suficientes empleos a nivel nacional.

En México tenemos políticas económicas que destruyen cadenas productivas, no generan incentivos a la inversión en capital humano y físico, e inundan los mercados con productos importados (muchos de los cuales son introducidos de manera ilegal), por lo que no se crean los empleos que se requieren, mientras que en Estados Unidos están cada vez más hartos de la situación con México.

Y como muestra basta un botón: el pasado 18 de junio el comentarista del canal estadounidense de televisión Fox, Bill O'Reilly, convocó durante su programa a que los consumidores estadounidenses realicen un boicot en contra de los productos mexicanos. En dicha emisión del programa The O'Reilly Factor, dicho personaje le dijo a sus compatriotas que México “no es nuestro amigo” y que los estadounidenses “deben dejar de ir ahí” porque el país permite el tráfico de personas hacía Estados Unidos y urgió a sus connacionales a boicotear a nuestro país diciéndoles “Hay que dejar de recompensar a México hasta que dejen de lastimarnos”.

Cabe señalar que este no es el primer llamado que denota el hartazgo de los estadounidenses respecto del problema de la inmigración proveniente de México. Si no lo creen, basta con recordar lo que originó la ya casi olvidada, racista y coloquialmente conocida “Ley Arizona”.

Afortunadamente el llamado de Bill O'Reilly no tendrá eco más que en los sectores de la ultra derecha de Estados Unidos, y qué bueno que es así, ya que un boicot a gran escala de Estados Unidos contra México destruiría nuestra economía. Hay que entender que dado que México no cuenta con un mercado interno ni siquiera medianamente fuerte, pues son nuestros vecinos del norte los que nos dan vida en materia económica. La semana pasada comentaba en esta columna que en 2013 tuvimos un déficit comercial con el continente asiático de 100 mil 937.3 millones de dólares (mdd), y lo que se debe destacar es que dicho déficit lo financiamos gracias al gigantesco superávit comercial con Estados Unidos por 112 mil 177 mdd registrado en el mismo año.

Así pues, México se encuentra ahora en un momento clave, ya que por una parte a todos ya nos quedó claro que los beneficios de las reformas estructurales recientemente aprobadas como las de telecomunicaciones, la financiera y la energética, comenzarán a rendir frutos, en el mejor de los casos, hacía finales del sexenio. Por otra parte las semanas pasan y cada vez resulta más obvio ver que este será otro año perdido en materia de crecimiento económico y creación de empleos. Finalmente Estados Unidos está harto de que México no haga nada por frenar la migración hacia el norte y que más bien “haga concha” al respecto.

A mayo de este año tenemos que en México hay aproximadamente 2.5 millones de desempleados, la tasa de desocupación fue de 4.93 por ciento, mientras que la de desocupación ascendió a 8.64 por ciento. ¿Qué sería de estos indicadores sin la válvula de escape que representa la emigración a Estados Unidos? Desde luego que nuestro panorama laboral sería muy distinto y tendríamos menos políticos “presumiendo” que el desempleo en México es más bajo que en Estados Unidos.

Resulta obvio que ya es el momento de que las autoridades del gobierno federal realicen los ajustes de corto plazo al modelo económico de manera que se les dé un impulso a las actividades altamente generadoras de empleos como la manufactura ligera y el comercio.

Desde esta columna hemos brindado diversas propuestas que pueden darle un impulso a la economía nacional, y una de las más importantes es la de buscar una balanza comercial más equilibrada con China, nación con la cual en tan sólo cuatro meses de 2014 ya tenemos un déficit en la balanza comercial de más de 17 mil millones de dólares, mientras que en 2013 registramos un déficit de 54.8 mil millones de dólares con dicha nación, por lo que las cosas van de mal en peor en nuestro comercio exterior con el gigante asiático. ¿Y por qué México no pone orden en esta relación comercial? ¿Será que no hay que hacer enojar a los chinos para de esta manera nos hagamos sujetos de crédito por parte de sus bancos?

Dejando de lado la dañina relación con China, si las autoridades no entienden lo que se debe hacer para que México crezca pues basta con que escuchen los clamores de los dirigentes empresariales, quienes lo han dicho con gran claridad: ajustes al marco fiscal, lucha contra el contrabando y subvaluación en aduanas, incentivos a la inversión productiva, entre otros. Y si no quieren hacer caso tendrán dos problemas: el enojo del pueblo de México cansado de la difícil situación económica y la molestia de los estadounidenses hartos de que el gobierno mexicano coadyuve a que miles de personas se vayan cada año de nuestro país buscando un mejor porvenir en el norte.

El autor es director general GAEAP.

Correo: alejandro@gaeap.com

Página web: www.gaeap.com