Opinión

El hartazgo de los votantes

 
1
 

 

El sueño roto de Ebrard

No es el único factor pero pudiéramos considerarlo como un empujón definitivo: los mexicanos estamos hartos de ver y escuchar campañas políticas simplonas, vulgares, huecas. No habría que hacer encuestas para detectar que la ciudadanía rechaza lo que escucha en radio y ve en televisión sobre lo que le muestran los partidos políticos.

Si bien la tendencia universal es hacia servicios de paga en los que la televisión abierta pierde terreno, también es cierto que el público muestra un notable cansancio hacia los productos que se le ofrecen. Entre otras cosas, por la insaciable mutilación de la oferta.

¿Cómo ver una película con ocho o nueve cortes cada uno de tres minutos o más? ¿Cómo se pueden conectar e interpretar las realidades de un documental fragmentado?

Del mismo modo que quien puede, lo primero que hace es adquirir un auto por pequeño que sea o del modelo que pueda para alejarse de la pesadilla del pésimo transporte público, también el televidente busca adquirir los servicios de la televisión de paga queriendo tener mayor variedad de contenidos aunque finalmente se da cuenta que tampoco los encuentra.

De este modo nuestras franjas de población, cada vez más desiguales, dejan para la televisión abierta a las familias que menos ingresos tienen mientras que, los que pueden migran a los servicios especializados on demand, es decir, solicitar lo que se quiera para ver cuando se elija el contenido deseado, cuentan con una oferta de eventos deportivos, documentales, dibujos animados, series o películas.

La nota que ayer publicó en EL FINANCIERO Jair López (pág. 20) nos muestra cómo es notable el número de personas que han pasado de la televisión abierta a la de paga y de ahí a los servicios bajo demanda o petición expresa. Al así hacerlo, el usuario ya no ve porque no quiere, nada que se interponga entre lo solicitado y su persona. No hay anuncios, no hay mutilación de lo que tiene enfrente: ni ofertas sensacionales ni anuncios políticos. Nada, sólo su película o la serie elegida. En otras palabras. el paraíso visual.

Hasta hoy, son empresas que buscan llevar al auditorio una satisfacción que años atrás se antojaba como escenario de ciencia ficción. Los datos son sobresalientes: cifras de la empresa Accenture revelan que el consumo de televisión, tanto abierta como de paga, tuvo en los últimos cinco años un descenso de 15 por ciento en México, mayor al 13 por ciento de lo que ocurre internacionalmente. No es difícil observar el hartazgo del televidente que puede evadir anuncios y fragmentaciones de lo que aparece en la pantalla.

La televisión abierta en el país, consumida por quien no tiene acceso a bienes muchas veces básicos, pero sí a un aparato televisivo, soporta todo tipo de cortes y abusos amén de contenidos que estimulan un gasto innecesario y valores contrarios a los que el desarrollo del país necesita mientras que, una élite puede sufragar contenidos de lujo tanto en diversidad como de origen.

Así, según estimaciones oficiales, en México ya hay cerca de 58 millones de personas conectadas a internet y de esa cantidad más de 16 por ciento ya ha adquirido los servicios on demand (por petición) proporcionados por firmas como Netflix, Total Play, Claro Video o Cinépolis Klic.

Los analistas de Estados Unidos consideran que México es líder en América Latina en este tipo de servicios que, coincidentemente en épocas electorales, aumentan las solicitudes. No lo dicen pero resulta claro que lo que pudiera ser un atractivo, es decir los debates políticos, el desfile de ideas, el despliegue de talento, es lo contrario.

Mal asunto el que la sociedad no sepa cuáles son los propósitos, las metas, los planes y programas de los diferentes partidos, y tenga que soportar un carrusel de vacuidades repetidas hasta la náusea. Para ello, cada emisora tiene que transmitir 96 spots diariamente cuya suma en todo el país llega a decenas de millones de minutos, centenares de horas de trabajo y miles de millones de pesos gastados sin que los votantes sepan ni quiénes serán sus representantes ni lo que harán cuando ocupen sus cargos como servidores públicos.
A la ineficacia hay que agregar el desperdicio.

Twitter: @RaulCremoux

También te puede interesar:
De la reforma 'chilanga' a la reforma educativa
El secuestro oficial de Alondra
¿A dónde irán los millones de pesos de las nuevas cadenas de TV?