Opinión

El guerrillero olvidado

Gil meditó: los curas cuelgan la sotana, los boxeadores los guantes, los guerrilleros la gorra, el rifle y el pasamontañas. Marcos tiene mucho de cura, algo de boxeador y mucho menos de guerrillero. Las Golondrinas suenan a los lejos y los ojos se llenan de lágrimas: a dónde iráaan. Marcos se retira, un guerrillero en la hamaca dice adiós. En los buenos tiempos, Gamés recuerda que los guerrilleros se jugaban la vida en cada acción, en cambio Marcos lleva 20 años produciendo cantidades industriales de mermelada de fresa, se ha pasado la vida en la selva mientras lo atienden los subalternos y las señoras de ese rumbo le lavan la ropa. Al final se dedicará, al fin, a la vida tranquila de las cañadas.

Según la noticia de sus periódicos de papel, deja de existir Marcos y nace el sub Galeano, un maestro zapatista asesinado en El Caracol. La cursilería del extinto Marcos, a más no poder. Dice que nunca estuvo muerto, o sí, que tantas veces lo mataron que regresa de nuevo a decir sus últimas palabras. Por cierto, Marcos no cuenta en qué condiciones murió el señor Galeano: “Estas serán mis últimas palabras en público antes de dejar de existir”. Estas solemnes palabras le han puesto a Gamés la gallina de carne, mju.

Veinte años después de la sublevación armada del EZLN, Marcos afirma que fue holograma y botarga. Lo que no dice es que los 30 municipios zapatistas están hoy tan pobres como antes, o más, que la inseguridad rige ese territorio y que los usos y costumbres indígenas suelen ser criminales con los derechos de las mujeres. ¿Quién le ha cocinado estos 20 años a Marcos?

Sobra pero no sobra

A Gamés le hace falta algo a la hora de la muerte del personaje, este fanfarrón con el rostro cubierto que fuma pipa, lleva un reloj en cada muñeca, usa una gorra cuidadosamente deshilachada, lleva cananas cruzadas y monta a caballo. Lo que le hace falta a Gil es que alguno de los muchísimos intelectuales, escritores y artistas que admiraron a Marcos, que alguno de los que se enlodaron para llegar a La Realidad, cuente la infatuación por el guerrillero. La pregunta, 20 años después, podría ser ésta: ¿por qué admiré a un hombre encapuchado, a un hombre armado? ¿Hay algo que añadir de aquel tiempo en relación al futuro del que somos parte? Gilga se ha puesto muy filosófico, quizá porque recuerda el turismo revolucionario que generó ese motor de payasadas llamado Marcos: la francesa Miterrand, el cineasta Stone, los monos blancos, o como se diga. Nadie los visitó de nuevo: Marcos cayó en el olvido. Ah, la muda de la moda.

Oigan esto y recuerden, nada de Tafil ni de Paxil, esto va sin anestesia alguna a ver de qué están hechos la lectora y el lector. Gil lo leyó en su periódico La Jornada, fiel como pocas publicaciones a Marcos, aunque dividida por una pasión en disputa: ¿Liópez o Marcos? Esa elección fue terrible, difícil: la Coalición por el Bien de Todos o La caravana de La Otra Campaña. Desesperación, angustia, estallidos de cólera: ¿por qué Marcos nos paga así? En fon, dice Marcos: “La sabiduría indígena desafiaba a la modernidad en uno de sus bastiones: los medios de comunicación. Empezó entonces la construcción del personaje llamado Marcos”. Gil se ojeó los frotos, o como se diga: ¿sabiduría indígena? Van a perdonar, pero en la pobreza no hay sabiduría alguna, hay injusticia, pero no sabiduría. Marcos pudo escribir que la pobreza desafió a la modernidad, correcto, pero no la sabiduría. Puras trapacerías de merolico vendidas como doctas peroraciones.

La mentira

No se pierdan esto: “Dicen por ahí que no hemos logrado nada para nosotros. No deja de sorprender que se maneje con tanto desparpajo esta posición. Piensan que los hijos y las hijas de los comandantes y las comandantas deberían disfrutar de viajes al extranjero, de estudios en escuelas privadas y luego de altos puestos en la empresa o en la política. Que en lugar de trabajar la tierra para arrancarle con sudor y empeño el alimento deberían lucirse en las redes sociales divirtiéndose en los antros, exhibiendo lujos”.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco con las manos entrelazadas en la espalda. Hace muchas vidas que Gamés no leía un texto tan ofensivo con los indígenas. Ustedes a trabajar la tierra y ni se les ocurra obtener educación dinero, bienes. Gamés cree que efectivamente los hijos y las hijas de los indígenas tendrían que tener oportunidad de viajar, estudiar, obtener dinero y, si se puede, algún lujo. Gamés no comprará la idea chiclosa de que todos debemos ser pobres. Por cierto: Marcos no dejó de existir en esta ceremonia ridícula, Marcos había muerto hace años. A todo este espectáculo, los neuropsiquiatras le llaman delirio de grandeza, megalomanía paranoide, en fon.

La máxima de Frank Capra espetó dentro del ático: “Creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público”.