Opinión

El gobierno vacío del DF

10 febrero 2014 4:30 Última actualización 23 septiembre 2013 5:2

Manuel Villa
 
El jefe de Gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, rindió su Primer Informe de Gobierno. Los días transcurridos han mostrado la intrascendencia de lo ahí informado. Se dirá que Mancera padeció los efectos abrumadores de la acción de la naturaleza en la víspera sobre buena parte del territorio nacional; en tales circunstancias, es natural que se apague la voz del gobernante de una entidad que, comparativamente, goza de cabal salud. Sin embargo, también se podría decir que los acontecimientos vinieron a captar la atención  pública, haciéndole el favor de dejar de lado el Informe, y con ello, la intrascendencia, vacuidad y falta de proyecto. No conforme con ese beneficio, Mancera lanzó descomunal campaña de publicidad para ensalzar su desempeño o, cubrir su ineficiencia, con los mismos pobres resultados.No se puede ocultar que el gobierno de la ciudad opera en la precariedad. Un breve repaso a lo que sobresalió en los periódicos –y es de suponer que mucho de ello enfatizado por el propio gobierno citadino– no deja lugar a dudas. En materia de seguridad, por ejemplo, lanza números que pretende deslumbrantes: “12.4% disminuyó el índice delictivo con respecto a 2012. 104 mil descargas de la aplicación ‘Mi Policía’ para contacto directo con la policía de barrio. 306 nuevas patrullas para las 16 delegaciones. 7 mil nuevas cámaras y sensores de seguridad. 7 mil armas entregadas por ciudadanos para el Programa Desarme Voluntario.” El jefe de Gobierno obsequia datos descontextuados y, en contraste, evade el hecho que denuncia la verdadera condición de la justicia en el DF: “Durante cuatro meses, el caso de los 13 desaparecidos del bar Heavens ha impactado la percepción de seguridad e impartición de justicia en el DF, pero no mereció ni una sola mención de Miguel Ángel Mancera durante su Primer Informe de Gobierno. En sus 26 páginas de mensaje ante el Pleno de la Asamblea Legislativa, sólo cuatro veces utilizó la palabra “seguridad”, en relación al problema de la delincuencia. Presumió una reducción en los delitos, pero nada de la desaparición y posterior hallazgo sin vida de los jóvenes levantados en el antro de la Zona Rosa en mayo. (Reforma, Manuel Durán, 18-Sep-2013).
 
 
Por otro lado, plantea propuestas que no son sino fórmulas anacrónicas, es de suponer, sacadas del gabazo de una sociología que en su discurso ni siquiera se le puede considera de manual elemental. Auxiliado seguramente por asesores que no son sino  recolectores de frases, propone: “En estos primeros nueve meses de gobierno, mi administración se ha enfocado a consolidar la transformación de la ciudad en una capital social. Nuestra visión de capital social consiste en conjuntar y potenciar los esfuerzos de la sociedad civil, de los sectores productivos, de la academia y centros de innovación, en aras de reducir las brechas sociales de exclusión y de discriminación.”
 
 –Es decir, de notables– (Reforma, 18-Sep-2013). El viejo concepto de capital social, retomado y consolidado por el sociólogo Robert Putman en los 1980, tuvo éxito al mostrar la importancia de la solidaridad social, luego desplegada como producto de redes sociales. En el centro de todo ello destaca el compromiso cívico. Un bien que se supone abundante pero que ni siquiera parece dominar en sociedades muy desarrolladas. Así, Putman publicó luego su libro titulado en español, El declive del Capital Social y, poco después, un famoso trabajo en el que sostiene que en los Estados Unidos “…desde la década de 1960 se ha producido un declive en la sociedad, el civismo y la vida política (capital social) de consecuencias negativas”
 
 
Es aquí donde el jefe de Gobierno debiera poner su atención, tomando conciencia de que con etiquetas para efectos publicitarios ya no se va a ningún lado. Lo que ha ocurrido en la ciudad de México, efecto en muy buena medida de la cadena de gobiernos perredistas, es un deterioro del capital social –si alguna vez lo hubo, porque los priistas ni idea tuvieron de ello–, es decir, del sentido cívico y de la convicción de que, sólo con solidaridad social y nexos entre ciudadanos –no sólo notables–, se puede mejorar la vida en la ciudad. Si esto no ha ocurrido, no ha sido por abandono ni  negligencia ciudadana, en absoluto, sino porque los gobiernos de la ciudad lo único que no quieren es participación ciudadana y solidaridad.
 
 
Candorosamente –por el tipo de propuesta y por venir de un personaje que ha hecho capital personal del sabotaje a la participación ciudadana, destruyendo posibilidades de capital social, como es Porfirio Muñoz Ledo–, el jefe de Gobierno cree que la solución está en una Constitución para la entidad. Es claro que no ve que el problema de la ciudad es de política urbana, que rehaga nexos de relación, pero una política seria y consistente, no bicicletera como la de Marcelo Ebrard. El grado en que manifestantes diversos y recientemente la CNTE han agredido a los ciudadanos y dañado la vida colectiva, es la muestra de que las bases de capital social es lo último que cuida el gobierno de la ciudad. 
 
manuelvillaa@hotmail.com