Opinión

EL GLOBO: Shutdown: consecuencias

08 octubre 2013 5:2

 
El gobierno de Estados Unidos inicia su segunda semana de cierre parcial de operaciones y nada indica que esto se encuentre cerca de un arreglo o de la reactivación de servicios.
 
 
Mientras esto sucede como un problema que se enmarca en la estricta “política interna” norteamericana, como la expresión de diferencias entre el Ejecutivo y el Legislativo con respecto a la forma del gasto, pero sobre todo, de asumir nueva y mayor deuda ––contra lo que los republicanos se oponen––, en el resto del mundo empiezan a aparecer signos de preocupación y, sorprendentemente, de entusiasmo en otros sectores.
 
 
Para la muy golpeada y contraída economía europea, aparece un incipiente signo de oportunidad donde más de uno prevé la posible recuperación del euro ante la que parece inevitable contracción del dólar. Otros señalan expectativas menos optimistas al pronosticar que la muy ligera y ciertamente frágil recuperación económica será devastada con esta “parálisis” del gasto estadounidense.
 
 
En Asia aparentemente guardan esperanzas en el sentido de que la ausencia del presidente Obama en la reunión comercial del Pacífico permitió que China y Rusia ocuparan lugares preponderantes y de mayor liderazgo, porque la ausencia de la todavía primera economía del mundo dejó un razonable espacio de lucimiento para sus acérrimos competidores.
 
 
Pero más allá de lo que muchos analistas se atreven a adelantar, está la realidad de economías como la nuestra, “anclada” y dependiente de la estadounidense en porcentajes aún muy relevantes.
 
 
Para México es una mala noticia que el gobierno no gaste. Si bien lo estratégico (seguridad, energía, salud, educación) está garantizado, existen muchas manufacturas mexicanas que dependen de forma indirecta del gasto gubernamental. Empresas norteamericanas que han empezado a detener sus inversiones y estrategias de crecimiento o recuperación, ante una posible recesión que vuelva a detener a ésta ––alguna vez––, la más poderosa economía del planeta.
 
 
Recordemos que la crisis financiera de 2008 en EU produjo un efecto de onda expansiva en economías del mundo entero. Algunas fueron capaces de sortearla con más fortuna que otras, pero a todos golpeó y afectó en su crecimiento y estrategias de Producto Interno Bruto.
 
 
El cierre de operaciones gubernamentales envía graves señales de incapacidad política, provoca dudas e incertidumbre delicadas en los mercados ––y todos sabemos qué pasa cuando los inversionistas se ponen nerviosos y prefieren mover sus fondos a mercados más seguros o menos riesgosos.
 
 
Obama pretende elevar el techo del endeudamiento interno ––el límite establecido por el Congreso para contratación de deuda por parte del gobierno–– para captar recursos que le permitan reactivar la economía y consolidar una inicial fase de “calentamiento” económico. Sin esos recursos, el gobierno podría enfrentar moratorias de pago ––impensable para países como el nuestro, que vivimos décadas con abultados paquetes de deuda frente al FMI y al Banco Mundial. Entrar en moratoria significa no poder pagar compromisos de deuda negociada, pactada, acordada. Y la consecuencia más importante es que en automático ––ya sucedió con el cierre del gobierno en un grado–– las calificadoras de “sanidad y eficiencia económica” (Moody´s y Standard & Poor’s, entre otras) disminuyan su calificación sobre el desempeño de un país, lo que provoca la partida o salida ––como se decía en tiempos de López Portillo–– de capitales.
 
 
Lo que menos necesitan México, Europa y América Latina es que EU frene su incipiente recuperación y vuelva a la recesión. Para muchos de nuestros países sería extremadamente grave.
 
 
Otra consecuencia, que el líder John Boehner de la Cámara de Representantes aún no ha calculado, es el daño electoral que le hará a su partido. Porque si Obama le pasa la factura de la debacle gubernamental ––como ha empezado a hacer–– los republicanos serán golpeados gravemente en las próximas elecciones intermedias.
 
 
Veremos si la estatura de liderazgo alcanza para dirimir esta diferencia y encontrar un proyecto de ley que otorgue garantías al Congreso de un endeudamiento moderado, al tiempo que se reactiva la economía con una clara señal de confianza en su gobierno.
 
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx