Opinión

EL GLOBO: Revelaciones

22 octubre 2013 5:2

 
Desde la aparición de Wikileaks y la distribución de miles de documentos en línea sobre las constantes operaciones de espionaje que diversas agencias estadounidenses realizaron en años recientes, resulta evidente que el espionaje internacional, político, militar e industrial sucede sobre bases regulares.
 
 
Las agencias del gobierno de Estados Unidos, divididas por áreas y especialidades, realizan permanentemente operaciones de espionaje. Ahora se sabe que espiaron durante todo el sexenio de Calderón al propio gobierno y al candidato del PRI y hoy presidente, Enrique Peña Nieto.
 
No hay nada sorprendente, más allá de que algunos inocentes consideren el hecho como inadmisible.
 
En la estrategia global de Estados Unidos, el control y supervisión de sus fronteras es prioridad estratégica número uno. Por supuesto que vigilan y espían a Canadá y a México; vigilan sus movimientos políticos, las relaciones y grupos de interés que rodean a cada candidato; hoy vigilan especialmente las posibles ligas con dinero sucio proveniente del narcotráfico o del crimen organizado; vigilan y escuchan conversaciones de políticos, de líderes empresariales y sus vínculos con el poder, o con industrias estratégicas, como el gas y el petróleo, la electricidad, el control fronterizo, la adquisición de equipos de vigilancia en puertos, aduanas, la compra de armamento por parte de la Defensa Nacional y la Armada.
 
Hace más de 25 años que la Administración Antidrogas (DEA) tiene operaciones en México de información, de supervisión y de vigilancia. El histórico asesinato del agente Kiki Camarena, y el reciente hallazgo en torno a la responsabilidad de la propia Agencia Central de Inteligencia (CIA) en ese crimen, pone de manifiesto el instrumental estratégico de estas mismas agencias respecto al Congreso estadounidense.
 
No son novatos, diseñan y ponen en práctica múltiples mecanismos para mantener su financiamiento, encubrir sus operaciones que con frecuencia están fuera del marco legal que las rige, y además, obtener la información, contactos, evidencias necesarias para manipular políticas públicas.
 
Las consecuencias del caso Camarena modificaron por completo el financiamiento, la inteligencia y los recursos que el Congreso estadounidense destinó a la DEA, a la vigilancia fronteriza –fortalecida en más de 250 por ciento durante los años noventa– y los elementos destacados para la lucha contra el narcotráfico.
 
Nuestros gobiernos, el mexicano, el argentino o el brasileño pueden autodenominarse indignados por las revelaciones de espionaje, pueden solicitar explicaciones y emitir notas diplomáticas, pero los hechos y la historia demuestran que la naturaleza de esas agencias es realizar ese trabajo, en el ámbito doméstico, al interior de Estados Unidos, y especialmente hacia el exterior.
 
¿De qué tamaño es el espionaje de Washington sobre Beijing? ¿De qué tamaño es el recíproco espionaje que China dirige hacia Estados Unidos? Incuantificables, pero con elevados niveles de certeza, muy considerables.
 
Por ende sería tal vez más productivo asumir que así es, entender cómo opera y tal vez, controlar el tipo de información a la que van a tener acceso.
 
 
Bloqueo
 
 
Dilma Rousseff en Brasil ordenó la puesta en operación de un sistema robusto y poderoso que filtrase e impidiese el espionaje estadounidense sobre asuntos nacionales, energéticos o estratégicos.
 
La cancillería mexicana ha afirmado que solicitará una explicación al gobierno en Washington. Parece “como para no dejar”, porque en verdad ¿Qué pretenden obtener? ¿Una disculpa de la CIA, o de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), diciendo que en efecto espiaron a Peña Nieto? Evidentemente eso no sucederá.
 
Si seguimos con algún detalle la larga batalla de Julian Assange por difundir documentos confidenciales, que le han causado no sólo la pérdida de su libertad –temporal– y la destrucción de su prestigio, existen muchos documentos que detallan la forma en que Estados Unidos espía a su socio y aliado Gran Bretaña, a Francia, a Rusia y a otros tantos países.
 
En el mundo globalizado de las redes interactivas, estos sistemas se hacen todos los días más complejos y sofisticados, pero la naturaleza y existencia de esas agencias se mantiene prácticamente intacta, aunque su metodología ha variado significativamente.
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx