Opinión

EL GLOBO: Mano de Putin

03 diciembre 2013 5:2

 
Ucrania arde en protestas y manifestaciones de jóvenes nacionalistas que buscan liberarse de políticos corruptos y la opresora influencia de Moscú.
 
 
En las últimas semanas, después de más de dos años de negociaciones, coqueteos y acercamientos entre la Unión Europea y Ucrania, la firma del Acuerdo de Asociación estuvo a punto de celebrarse.
 
 
Ucrania iniciaba un marco de entendimiento con la Unión, que permitía una serie de ventajas arancelarias, productivas y laborales sin convertirse en estado miembro de pleno derecho. La firma estaba prevista para la Cumbre de Vilinius –capital de Lituania– a donde acudieron representantes de los 26 Estados miembros. Súbitamente, para sorpresa de todos, los representantes de Ucrania anunciaron que se retiraban de la mesa sin firmar el acuerdo, asegurando que su país necesitaba más petróleo y gas a precios accesibles, esgrimiendo ese torpe argumento como razón del rechazo.
 
Las consecuencias de este desplante se muestran hoy con terrible claridad en las calles de Kiev. Miles de jóvenes han rodeado el palacio presidencial y exigen la dimisión de Víctor Yanúkovich, un líder político derrotado en la Revolución Naranja de 2004, que se hizo del poder ante al fracaso de las reformas anticorrupción de Kuchma y de la hoy encarcelada Yulia Tmoshenko.
 
 
Yanúkovich había sostenido largas sesiones de negociación con Bruselas y sus comités, en la construcción de un acuerdo que otorgaba a ciudadanos ucranianos varias posibilidades y sentaba los precedentes para una posible inclusión como miembro completo hacia 2018.
 
 
Los editoriales europeos de las últimas 48 horas señalan “Putin 1, Kiev 0”, “Sometimiento de Ucrania a la influencia del Kremlin”.
 
Lo que está detrás de todo este riesgoso conflicto para Ucrania, es una activa y creciente política recolonialista de Vladimir Putin, quien sueña con reconstruir el imperio soviético.
 
 
Otras dos ex repúblicas de la desaparecida URSS como Bielorrusia y Azerbaiján habían ya recibido ofertas y propuestas de la Unión Europea, aunque recelosas, rechazaron de inmediato. Se sabe que Armenia se ha dejado seducir por el nuevo plan que Putin ha puesto en práctica para “asociar” a las antiguas ex repúblicas ante los evidentes embates de la UE. Se llama Unión Aduanera y pretende eliminar barreras de aranceles y construir un burdo andamiaje de acuerdo de libre comercio.
 
 
Lo que esconde esta supuesta política comercial de Moscú, es la operación encubierta de Putin para rescatar la inútil y casi inexistente Comunidad de Estados Independientes (CEI). En 1991, cuando el entonces presidente de la Federación Rusa, junto con los líderes de Ucrania y de Bielorrusia decretaron la desaparición de la URSS, anunciaron la conformación de una alianza de las repúblicas ex soviéticas para fines comerciales, políticos y militares a la que bautizaron como CEI. La entidad nunca funcionó formalmente, porque cada Estado concentró su energía en reconstruir las instituciones como naciones independientes que, hasta ese momento, habían sido sólo provincias del Imperio Soviético.
 
Putin ejerce un control y una influencia poderosa en cada una de esas repúblicas; en muchos casos por vía energética, la venta y distribución de gas y petróleo; en otros casos por la fuerza militar que aún resguarda y vigila fronteras. Múltiples instalaciones militares soviéticas permanecieron en manos rusas después de la desaparición de la URSS.
 
 
Es claro que al Kremlin le resultaba más que incómodo tener a la Unión Europea “infiltrada” en su zona de influencia directa, que si bien lo ha logrado en el caso del Báltico, no revisten la importancia estratégica industrial y militar que tiene Ucrania para Moscú.
 
 
Así es que la poderosa y secreta mano de Valdimir Putin, se dejó sentir en Vilnius al provocar el fracaso de la firma entre la Unión Europea y Ucrania.
 
 
Lo que no calcularon ninguno de los actores, es la reacción enardecida de miles de manifestantes en las calles de Kiev que exigen al Parlamento desconocer al gobierno y convocar a nuevas elecciones. Los ucranianos quieren sentirse más cerca de Europa que de Moscú, y en los próximos días veremos decisiones graves en ese país para contener la ira popular.