Opinión

EL GLOBO: Mandela el gigante

10 diciembre 2013 5:2

 
Llevamos cinco días de duelo y expresiones que recorren el mundo entero con remembranzas, biografías, revisiones y muchos, muchos actos honoríficos para honrar la memoria del hombre, la huella del líder. Más allá de las banderas, los himnos y los incontables ramos de flores frente a su casa en Johannesburgo o en Washington, al pie de su estatua, edificios en Paris, en Dallas, en Nueva York, en Londres se han pintado con la multicolor bandera sudafricana en homenaje a Mandela. En uno de estos edificios, hasta su rostro se ha estampado mediante luces y sombras. Esculturas, marquesinas, inscripciones y muchas expresiones más en todo el planeta. Hoy martes inician formalmente los funerales de Estado que congregarán a 90 líderes mundiales, entre presidentes, primeros ministros, príncipes, exmandatarios y por supuesto jefes de estado.
 
Mandela alcanzó en vida y sin duda trascenderá después de ella, el estatus de símbolo total contra el racismo y la segregación racial. Pero su talla y su aportación al mundo se elevan mucho más allá, al ser un luchador por la libertad. Como dijo su hija hace unos días a BBC, “mi padre más que un luchador por las libertades políticas, me parece que fue un luchador por la libertad de espíritu”. Y es ahí donde reside el descomunal tamaño de su trayectoria política, de su capacidad como líder conciliador de una nación de varias razas, de docenas de tribus y etnias amalgamadas y oprimidas bajo el colonialismo. Mandela fue capaz de perdonar al recuperar la libertad, después de los históricos 27 años de prisión. Perdonar al gobierno que promovió e instauró el apartheid, que persiguió, mató, encarceló y destruyó vidas y familias. Mandela emitió un esencial mensaje de paz y reconciliación en un país profundamente dividido, rencoroso, enojado.
 
Fue liberado en 1990 por el presidente Frederik de Klerk, quien irónicamente lo acompañaría tres años más tarde a recoger el Nobel de la Paz. De inmediato fue nombrado presidente del Congreso Nacional Africano (CNA) la organización civil y después política que representó a los negros en la lucha por sus derechos civiles de los años cincuenta, cuando el joven abogado Mandela inició una práctica privada para ese propósito.
 
En 1993 vino el Nobel y para 1994 se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica.
 
Esos cuatro años entre la liberación y la presidencia, son la época más fértil, más propositiva, más educativa de Mandela. Son los tiempos en los que su pensamiento cobra vida en docenas de discursos y actos políticos tendientes a la reunificación del país, a la conciliación, a la democracia y la pluralidad, al perdón por decenios de racismo y persecución. Es impensable ese país sin la figura del ex preso político, el pensador e ideólogo que desde la cárcel enriqueció su espíritu y su mente, como si se preparara a los tiempos que habrían de llegar.
 
Sin embargo, Vaclav Havel, de la entonces Checoslovaquia, fue también preso político en su país en los años soviéticos y llegó a ser presidente después de liberado y no es admirado y querido como el sudafricano.
 
Mandela trasciende las fronteras de su país y su continente porque asume un discurso y una postura de justicia social, de equidad y defensa absoluta de los derechos humanos. Su visión, la esfera de su mensaje y de su perspectiva apelan al mundo entero y a la humanidad completa.
 
Como presidente enfrentó problemas; no logró invertir el déficit de vivienda para los pobres o revertir el crecimiento de los barrios semiurbanos, como proveedores de mano de obra barata. Invirtió en educación, el “arma más poderosa para el desarrollo” aseguraba, pero sobre todo, sembró la semilla de la igualdad de derechos, del respeto y la tolerancia que antes de él, simplemente, no existían.
 
Pero Mandela no era un santo. A él mismo le preocupaba la “veneración” de su imagen y su nombre al extremo cuasi religioso. No quería proyectar esa imagen y afirmó varias veces que estaba lejos de serlo. Le gustaban las figuras del espectáculo y del show business ––recibió a cientos––, se dejaba consentir por empresarios ricos que le ofrecían aviones privados y yates para viajar, que aceptó en varias ocasiones.
 
Mandela será el gigante de la igualdad, de la equidad, del perdón.