Opinión

EL GLOBO: La ONU contra Siria

17 septiembre 2013 5:10

 
 
Todo indica que la investigación se realizó con suficiente independencia como para confiar en sus resultados. El reporte señala que han obtenido muestras químicas del suelo, del medio ambiente y también médicas ––entiéndase fallecidos y sobrevivientes–– que “proveen clara y convincente evidencia de que cohetes tierra–tierra, con el agente nervioso Sarín”,  fueron utilizados en por lo menos cinco comunidades de Siria y en especial, en los suburbios de Damasco.
 
 
El reporte no señala responsables, no le corresponde a Naciones Unidas apuntar a culpables, especialmente cuando Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña acusan al régimen del presidente Bashar el Assad, mientras que Rusia y la propia Siria afirman que los opositores son responsables de estos brutales ataques. Si bien no existen cifras oficiales, se sabe que entre 350 y 500 personas, hombres, mujeres y niños en su mayoría civiles, murieron como consecuencia del ataque.
 
 
El gas Sarín es un agente químico que se dispersa con facilidad después de la explosión de un misil y que produce los siguientes efectos: desorientación, irritación de los ojos, pérdida de visión parcial o visión borrosa, contracción gradual de vías respiratorias ––eventualmente las víctimas mueren de asfixia–– pérdida de la conciencia, severa irritación cutánea, destrucción de células epidérmicas, alteración de los sentidos, entre otros.
 
 
Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, reveló el reporte después de informar en privado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El ataque ha sido calificado como el “más grave en el último siglo”, considerando que la última vez que se registró una ofensiva con armas químicas fue en 1988, a manos de Sadam Husein y en contra de la población de Halabja.
 
 
Pero el reporte va más allá, porque no sólo examina las pruebas químicas, sino que analiza los restos de los cohetes. El reporte señala dos tipos de cohetes, ninguno de los cuales está en posesión de los rebeldes, sino que ambos forman parte del arsenal gubernamental. Resulta difícil para el gobierno librarse de evidencia tan contundente. La pregunta ahora, después del acuerdo entre Rusia y Estados Unidos para evitar el ataque norteamericano contra Siria es ¿de qué forma el reporte y las evidencias presentadas modificarán la negociación entre los dos países? La Casa Blanca cuenta con elementos suficientes para justificar lo que el presidente Obama ha llamado ataques controlados y específicos, pero no hay consenso entre los cinco miembros del Consejo de Seguridad. Rusia defiende a Siria y sostiene que la evidencia responsabiliza a los rebeldes.
 
 
Vladimir Putin, presidente de Rusia, hizo pública a nivel internacional una carta de contenido enérgico. En ella señala que pretende detener el intento armamentista de Estados Unidos en Medio Oriente y provocar, en defensa de sus aliados israelíes, un conflicto desestabilizador.
 
 
Como si la zona tuviera algún rasgo de equilibrio. Lo cierto es que el texto, cuya lectura es ampliamente recomendable, parece una llamada de atención mundial sobre otra guerra o conflicto encabezado por EU. A su favor está el incuestionable récord negativo de la presencia e incursiones militares en países árabes en los últimos 10 años.
 
 
Sin embargo el ataque, calificado por la ONU como de “relativa gran escala”, que se traduce como a población abierta pero en zonas sin elevada densidad demográfica, es un crimen internacional. El acuerdo de 1925 contra el uso de armamento químico y biológico señala graves sanciones contra países que lo usen y no sólo contra población indefensa, sino también en conflicto armado internacional.
 
 
Bajo esta premisa, Siria y El Assad debieran ser sancionados. Rusia se opone y ha propuesto una entrega absoluta del arsenal químico, a lo que Siria respondió con aceptación, aunque sigue sin reconocer su responsabilidad. ¿Qué decisión tomarán EU y sus aliados?  Esta semana será clave para definir la estrategia.
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx