EF RADAR
Opinión

EL GLOBO: Francisco I

31 diciembre 2013 5:2

 
 
 
Nueve meses de pontificado de Francisco I nos han trazado ya varias líneas que describen no sólo su estilo, sino especialmente, su dirección.
 
En estos casi 200 días como papa, el primero en numerosas categorías: Primer latinoamericano, primer jesuita, primer no europeo, Francisco ha sorprendido a varios vaticanólogos al imprimir un sello diferente. En primer lugar su humildad y sencillez, su trato franco, su estilo directo y sin rodeos. Parece un hombre formado en las diócesis callejeras, de barrios marginales y suburbanos. En su Buenos Aires natal se hizo famoso por usar transporte público, incluso después de ser obispo, cardenal y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
 
Hoy sabemos que sigue viviendo en la residencia de Santa Martha, ese hotel vaticano construido por Juan Pablo II para albergar a prelados del mundo entero cuando asistieran a consistorios y sínodos. Es decir, Jorge Bergoglio convertido en Francisco, rehusó la residencia papal en el Palacio Apostólico del Vaticano y prefirió ––hasta ahora–– pernoctar en la residencia donde está rodeado de gente. Trabaja y recibe en el despacho pontificio, pero duerme en la residencia de Santa Martha. Inusual, pero elocuente. Francisco piensa ––probablemente lo constató así en el pasado–– que uno de los más graves problemas que “nublan” la visión de un pontífice es su separación de la realidad, ese cerco y rodeo que establece la Curia romana, como muralla que gobierna los movimientos, decisiones y pensamientos de un papa.
 
En segundo lugar está su firme postura respecto a no dejarse manejar o controlar por la burocracia vaticana. La Curia, el órgano de gobierno de la iglesia. Francisco ha dado muestras claras de cierta independencia, de redirigir o reorientar el curso de la iglesia, desprenderse de la línea burocrática tradicional.
 
Juan Pablo II fue un gran renovador en un sentido externo, de imagen y de comunicación. Viajó, cargó niños, besó a feligreses de todos los rincones de la Tierra, produjo está sensación ficticia de que la cabeza de la iglesia en el mundo estaba cerca de ellos. Pero en muchos otros sentidos, teológicos y filosóficos, Juan Pablo era profundamente conservador, un tradicionalista de la liturgia y de la doctrina, donde poco se pudo transformar o avanzar durante su largo papado, que está a punto de convertirlo en santo en abril.
 
Benedicto XVI no sólo pertenece a esa misma línea tradicional, sino que incluso trajo del Renacimiento algunos signos ya olvidados como la capelina de terciopelo y armiño, o el gorro sirio. Todas las señales indican que renunció al ser incapaz de enfrentarse con la pesada estructura burocrática y de gobierno. Es como si el papa fuera un reo o un preso del propio aparato.
 
En este 2013 que se cierra, Francisco fue designado persona del año por la revista Time, más por lo que se ha atrevido a decir que por lo que aún no ha hecho.
 
Sus señalamiento de autocrítica a la institución, sus afirmaciones en el sentido de una iglesia nueva, ventilada, renovada y especialmente, cercana a los pobres, son indicadores divergentes de la tradicional línea vaticana.
 
Es difícil hacer un pronóstico de lo que su papado nos ofrecerá, todo intento de renovación en los últimos 30 años ha fracasado. El tema de las mujeres, uno de los que capturan su discurso con mayor frecuencia, o la necesidad de hablar del homosexualismo y de la contracepción tendrán que aparecer en la agenda de un papa con algunos tintes de apertura, a diferencia de sus predecesores. Si bien Bergoglio como cardenal argentino chocó contra el gobierno de Cristina Kirchner justamente por el tema de los matrimonios del mismo sexo, tal vez ahora, desde el Vaticano y con la extensa ola mundial de tolerancia y reconocimiento a las personas de preferencias distintas, el papa Francisco pueda abrir a debate el tema al seno de la iglesia.
 
Con 77 años encima, pero con salud y energía, Francisco parece por lo menos con la disposición a iniciar algunos procesos de cambio. Veremos si la pesada y anacrónica estructura vaticana le permite introducir algunos temas en la agenda.
 
Buen 2014 Francisco, que la canonización de Juan Pablo II traerá, sin duda, una serie de reflexiones y cuestionamientos acerca de propiciar incipientes medidas de transformación.