Opinión

EL GLOBO: Francia, entre lo público y lo privado


 
El reciente escándalo que ha acaparado los encabezados de la prensa francesa en relación a la vida privada del presidente François Hollande, cuestiona de fondo el profundo liberalismo francés y el acostumbrado respeto a la privacidad.
 
 
François Mitterrand, presidente de Francia por 14 años (dos períodos de siete, antes de la reforma que modificó el término de los períodos presidenciales) sostuvo una vida privada conocida por los ciudadanos, pero no discutida en los medios de comunicación. Miterrand estaba casado con Danielle –la misma primera dama que se convirtió en los años noventa en activa simpatizante y contribuidora a la causa del EZLN y del subcomandante Marcos en México– quien desempeñaba sus funciones en público, acompañaba al presidente y demás actividades. Pero vivían separados, en residencias distintas, porque monsieur le president vivió con su amante y madre de su última hija durante prácticamente todo su mandato. No en la residencia oficial del Palacio del Elíseo, sino en una casa particular. Mitterrand iba y venía según su agenda pública y compromisos. Francia entera lo sabía y todo el mundo respetaba su privacidad.
 
Jacques Chirac fue un presidente muy conservador, gran figura paternal de Francia, sin notas de color ni deslices productivos para la prensa rosa y la política.
 
No fue el caso del sonoro, colorido, ocurrente y pseudogalán Nicolas Sarkozy, quien compartió su vida privada, el desdén de su primera esposa, su elección por el amante y la vida en Nueva York, y la flamante llegada de Carla Bruni al Palacio del Elíseo con los medios y la prensa del mundo entero.
 
 
El desafortunado Hollande enfrenta a una inusual prensa moralista en Francia, que cuestiona la existencia de su amante, y más aún, el desinterés mostrado hacia su señora esposa, quien de la impresión por la filtración a medios y el escándalo público, fue a dar al hospital con crisis nerviosa.
 
 
El caso y la historia de Hollande podría parecerse mucho a la de Mitterrand, con la salvedad de que el segundo había logrado un acuerdo inteligente y pacífico con su esposa que le conservaba una serie de privilegios y respeto a su imagen y presencia, que el criticado Hollande no sólo no ha construido, sino que ahora hasta de cínico fue acusado al visitar a su esposa diez días después de su internamiento en el hospital.
 
¿Qué tanto afecta la vida privada de un mandatario su desempeño público como jefe de Estado o de gobierno? Es una pregunta que recibe respuestas variables a partir del personaje, de su estilo y temperamento. Hollande está enfrascado en tres importantes batallas para transformar la cuestionable productividad francesa. El presidente ha propuesto a la empresa privada disminuir los elevados costos del empleo, la seguridad social y la inalcanzable contratación de personal, a cambio de impulsar la competitividad y la creación de empleo. Además se ha propuesto reestructurar el mapa interno de Francia, al reducir regiones y departamentos, que como consecuencia disminuirán la considerable cantidad de funcionarios y empleados públicos con el respectivo y gravoso costo que representan para el presupuesto.
 
Hollande tiene hoy una raquítica aprobación pública de un 22 por ciento del electorado, lo que lo ha separado ya de su propio partido y de los empresarios.
 
Más allá de su vida privada, tiene el enorme reto de reactivar una economía disminuida, contraída, que le ha restado peso e importancia en una Europa en la que Alemania gana preponderancia y poder todos los días. En la conferencia de prensa en la que lo abordaron sobre el tema, respondió como manual de comunicación institucional: tenemos asuntos más delicados e importantes que mi vida privada, dejando a un lado la “comidilla” de la prensa rosa y el idilio de dos años de antigüedad con la actriz.
 
 
Si consigue –como parece– mantener al margen los cuestionamientos sobre su matrimonio y su relación extramarital y concentra sus esfuerzos en sus ambiciosos planes de gobierno, Hollande recuperará alguna posibilidad de salir bien librado de esta crisis. Todo indica que sus numerosos adversarios políticos han incendiado la escena con el tema privado para dañar la imagen del presidente.