Opinión

EL GLOBO: El principio del fin

29 octubre 2013 5:2

 
Cristina Fernández de Kirchner está convaleciente. Fue operada de un hematoma craneal del que salió bien librada y la mandaron un mes a reposo. No se levanta, atiende algunas llamadas y secretarios que le traen papeles y asuntos para que, gradualmente, se vaya reincorporando a sus funciones.
 
Desde su convalecencia presenció por televisión la derrota de su partido, el Frente para la Victoria (FPV), en las elecciones intermedias del pasado fin de semana. La renovación de la Cámara de Diputados y de un tercio del Senado condujo a 75 por ciento de los electores ––una envidiable participación electoral en América Latina–– a otorgarle el triunfo mayoritario a otras fuerzas políticas. El diputado que salió airoso con los reflectores y los conteos en las urnas, es un joven carismático que desafía a Cristina. Fue su jefe de Gabinete, seguidor incansable de su marido Néstor Kirchner cuando conquistó la presidencia de Argentina en 2003. Se llama Sergio Massa, es alcalde de la ciudad de Tigre y ganó el domingo su escaño como diputado que lo coloca como virtual líder de la oposición peronista al llamado kirchnerismo.
 
Cristina ––como es conocida por la mayoría de los argentinos–– es una figura polémica. Provoca polarizados debates entre simpatizantes y detractores. Ha sostenido confrontaciones con los medios ––el Grupo el Clarín su guerra más conocida–– con sindicatos, con productores de granos y de carne, ha chocado con empresarios a quienes considera unos oligarcas detentores del poder neoliberal de siempre. Fue reelegida en 2011 con un margen muy respetable de 54 por ciento y ganó además la mayoría en ambas cámaras. El plan de la ––esta sí–– pareja presidencial era sucederse alternadamente. Néstor hubiera sido el candidato del FPV de no haber muerto en 2010. Pero Cristina se tiene que ir (2015), ya no puede postularse a la presidencia para un tercer período, la Constitución lo impide. Su proyecto de nación, su fortalecimiento de los programas sociales, su rescate de sectores olvidados y marginados por el neoliberalismo ––en sus propias palabras–– está en riesgo al carecer de heredero. No hay una figura política de altura que pueda ser capaz de heredar el capital político que los Kirchner construyeron en diez años.
 
Martín Insaurralde, el hombre que lidera la lista de legisladores kirchneristas, no tiene aspiraciones presidenciales.
 
El joven Massa se convierte de facto en la figura más visible para construir una eventual candidatura presidencial hacia 2015. Cristina lo sabe, lo vio crecer, lo cobijó a su lado hasta que hace poco más de año y medio se separó y se convirtió en un líder de oposición con dos ejes sensibles para la señora Kirchner: la inseguridad y la inflación crecientes.
 
Massa (41 años) es la estrella política del momento, es un rostro nuevo en un escenario urgido de renovación tras una década de control de los Kirchner. Y si bien Cristina y su Frente conservan la mayoría en el Congreso y la principal fuerza política del país (32 por ciento de los votos), las derrotas en la vital provincia de Buenos Aires envían una clara señal de que el final se acerca. Perdió además en Mendoza, en Santa Fe, en Córdoba y por supuesto, en Capital Federal Buenos Aires.
 
Queda un año y poco más para empujar sus últimas reformas e intentar fortalecer a un eventual heredero que haga frente en los comicios presidenciales del 2015.
 
Después de recuperada la salud hacia finales de este año, Cristina tendrá todo 2014 para sellar su legado, para intentar institucionalizar los cambios que tres gobiernos presidenciales consecutivos (uno de su marido y dos suyos) dejaron en Argentina. Hacer historia, dicen los cronistas.
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx