Opinión

EL GLOBO: Conflicto internacional

03 septiembre 2013 5:22

 
 
Las operaciones militares multinacionales de los últimos 25 años, por lo menos, han escondido siempre causas de diferentes perfiles: económicas, hegemónicas, geopolíticas, etcéteras.
 
 
Ahora que Estados Unidos y el gobierno de Obama se acercan a su primera intervención militar internacional –en esta administración– resulta interesante revisar esas causas y enfatizar el fiasco que han resultado sus más recientes acciones bélicas en todo el mundo.
 
 
Siria enfrenta, sin lugar a dudas, una conflagración civil de no menores proporciones, considerando que un disminuido grupo de rebeldes ha crecido en muy poco tiempo, con la significativa ayuda en recursos y armas de Arabia Saudita y Qatar. Según en The New York Times un auténtico “armaducto” se ha establecido en este año desde esos países árabes, a través de Turquía para alimentar a la resistencia.
 
 
El régimen de Bashar el Assad enfrenta mucho más que un grupo creciente de rebeldes ante su régimen heredado, sino de forma indirecta a las monarquías árabes más poderosas en armamento y en fondos casi inacabables. El eterno tema étnico entre sunitas y chiitas, mayorías de unos gobernados por otros y viceversa, es el combustible de este conflicto.
 
 
El argumento que “sustenta” el debate moral para la intervención es el uso de armas químicas contra población civil. Imágenes aterradoras y elocuentes han dado la vuelta al mundo, donde se observan a decenas de mujeres y niños muertos por lo que parecen instrumentos y reactivos químicos de rápida destrucción humana.
 
 
Cuando se supo en el ámbito internacional, se generó una discusión sobre si el gobierno de El Assad era responsable del ataque, de si fueron los rebeldes quienes pretendiendo culpar al gobierno esparcieron los elementos, o si se trató de un tercero oculto para avivar el conflicto y provocar una reacción de las potencias. Su gobierno lo ha negado pero aparentemente las evidencias lo inculpan. Hoy mismo y durante esta semana, esas evidencias se analizan en laboratorios europeos, lo que supone un relativo nivel de credibilidad, superior al que existió hace 10 años cuando Estados Unidos y Gran Bretaña sostenían, “sin lugar a dudas”, que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. Hoy la historia de aquel conflicto ha logrado ser mucho más estudiada y analizada –no exhaustivamente– y nos permite afirmar que ambos países y sus gobiernos se equivocaron, pero no lo hicieron ingenuamente.
 
 
Colin Powell, entonces secretario de Estado, declaró en México hacia 2006 en un acto privado, que se arrepentía profundamente de aquel histórico e inolvidable discurso ante la ONU, cuando él afirmó que había “evidencias irrefutables” de la existencia de dicho armamento en Irak. Como la historia registra,  nunca existió ese armamento ni la capacidad nuclear de Irak, sino pobres y torpes pruebas fabricadas, tal vez, por la CIA para justificar la intervención.
 
 
Esa operación militar de Estados Unidos, en la que embarcó a la ONU –como en 1991 cuando fueron a “rescatar” a Kuwait de la invasión iraquí, o como en 2002 cuando invadió Afganistán, y un año después Irak (2003) – construyó una alianza multinacional para “repartir” el gasto, pero también la responsabilidad.
 
 
Justo como ahora,  el reticente y dudoso gobierno de Obama buscará la aprobación del Congreso y de la ONU, invitando a otras naciones a unirse en esta lucha “moral” por la defensa de los derechos humanos.  Gran Bretaña ya dijo que no participaba –sorpresivamente– y Francia ha dicho que sí, como si las cartas estuvieran invertidas.
 
 
En Irak perseguían el petróleo, la infraestructura, la reconstrucción del país después de la devastadora invasión. Múltiples compañías estadounidenses (Halliburton, entre otras) se beneficiaron con las consecuencias del conflicto. En Afganistán pretendía poner un pie en la zona, vigilar a los peligrosos vecinos y provocar una justificación para ir por Saddam –al que finalmente apresaron y ejecutaron. En Kuwait 22 años atrás, protegían igualmente el petróleo y el mensaje claro al mundo árabe de que no se detendrían ante la necesidad de una operación militar.
 
 
Hoy en Siria, parece una operación de alianza y solidaridad –tímida– con Israel y el mensaje claro a Irán de que no van a andar con juegos en el debate de su programa de uranio enriquecido.
 
 
Una vez más, Estados Unidos se embarcará en una operación de “ataques precisos”, ha dicho la Casa Blanca, para intentar diferenciarlo del desastre que ha sido Irak. Vamos a ver cómo lo llevan a cabo.
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx