Opinión

EL GLOBO: Adiós Cristina


 
En medio de la crisis gubernamental, con las cifras de aprobación más bajas en sus casi 7 años de gobierno, Cristina Fernández de Kirchner anunció su retiro de la política para 2015. El mensaje, adornado con el retiro, significa que no contenderá por un tercer período presidencial, o de otra forma, una segunda reelección a la que constitucionalmente tendría derecho.
 
 
Las razones son múltiples, pero esencialmente radican en un pobre desempeño al frente del gobierno, agudizado por la crisis económica en su segunda administración.
 
Tan sólo en 2013 la inflación en Argentina superó los 10 puntos porcentuales según cifras oficiales, pero algunos analistas afirman que pudiera llegar hasta 18 o 20 por ciento.
 
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han dado a conocer que Argentina perdió 20 por ciento de sus reservas internacionales durante el último año, en el que miles de millones de dólares han sido utilizados para aminorar los efectos energéticos de la crisis. Falta de gas, cortes sucesivos del suministro eléctrico han provocado marchas y protestas por las principales calles de Buenos Aires en las últimas semanas, justo en plena temporada de verano, cuando las temperaturas han sido especialmente elevadas.
 
 
El crecimiento económico se derrumbó a niveles inferiores a 3 por ciento, cuando hace tres años los pronósticos superaban el 5 y 6 por ciento anual.
 
Los niveles de aprobación popular de la señora presidenta son los más bajos desde que sucedió a su marido en el Ejecutivo. En diciembre de 2013 registraron 30 por ciento de respaldo popular, para una mujer y un gobierno que habían contado con amplios niveles de apoyo entre las clases populares y la población en general
 
Hace unas semanas –lo consignamos en La Aldea- la intervención quirúrgica para removerle un coágulo en el cerebro tuvo la inoportuna noticia de una derrota en las elecciones para el Congreso cuando Sergio Massa –ex secretario privado de Cristina Kirchner– le arrebató el poder absoluto en ambas Cámaras.
 
¿Qué hizo mal la señora Kirchner? ¿En qué se equivocó?
 
 
Más allá de la extensa y creciente animadversión que hoy le manifiestan diversos sectores sociales en su país, tal vez uno de los más señalados fue su enfrentamiento permanente con el sector privado. Los empresarios de diversas industrias, su batalla frontal contra los medios de comunicación, los esfuerzos de estatización en diferentes sectores, la tuvieron en pie de guerra con los dueños del capital.
 
 
Cristina pretendió ser Néstor sin serlo, asumir el mismo carisma y capacidad de negociación con que su difunto esposo operaba con astucia y articulación con los poderosos sindicatos argentinos, al tiempo que impulsaba una agenda transformadora hacia la izquierda. Cristina tal vez radicalizó esa agenda y la llevó a un punto de tensión irreconciliable que ha producido, inevitablemente, no sólo un rechazo generalizado, sino un derrumbe extendido en la producción, las reservas, las tasas de crecimiento y la generación de energía.
 
No es difícil pronosticar –como lo hacen ya varios editorialistas de El Clarín, su acérrimo crítico- que la derecha moderada, en alianza con los socialdemócratas, podrá derrotar al partido de los Kirchner en las siguientes elecciones.
 
 
A la muerte de Néstor, más de un analista político describió sus éxitos y aciertos, al iniciar un proceso de reconstrucción en un país que habían hecho pedazos una y otra vez desde el rotundo fracaso de Menem y sus sucesores. Kirchner fue capaz de convocar una vez más a diferentes sectores, integrar un gobierno de alianzas –que no necesariamente de coaliciones– impulsar un agenda de reformas sociales y terminar con una larga lista de políticos corruptos.
 
 
Tal parece que su esposa fue incapaz de continuar con esa agenda, o tal vez, de llevarla al extremo del rompimiento con distintos sectores. Lo único que le queda a Cristina Kirchner es intentar equilibrar las variables, fortalecer la moneda, resguardar las reservas y cerrar un gobierno con el máximo decoro posible, para evitar la debacle total antes de nuevas elecciones presidenciales.