Opinión

EL GLOBO: 12 años

10 septiembre 2013 5:7

 
A 12 años del 9/11, siguen abiertas muchas preguntas y cuestionamientos que el gobierno de Estados Unidos ha sido incapaz de resolver.
 
 
Si usted revisa con cuidado las hipótesis que se integran bajo la Teoría de la Conspiración, existen por lo menos tres grandes grupos de corrientes que derriban, o por lo menos cuestionan, las versiones oficiales sobre el histórico ataque terrorista.
 
 
La primera reconstruye conjeturas a partir de los materiales y las temperaturas que se produjeron al interior de las Torres Gemelas tras el choque de los aviones, revisa las posibilidades de los combustibles aéreos y la “perfección” de los derrumbes de una planta sobre otra, como en una explosión controlada. Esta hipótesis señala la existencia en ambos edificios de un material de soldadura usado para fundir que produce altas temperaturas en pocos segundos. Se cuestiona incluso que el primer estallido haya sido causado por un avión, apuntando hacia algún tipo de proyectil. El segundo choque, contra la Torre Sur, llevaba una pieza de equipo adicional en el tren de aterrizaje del avión: aparece en múltiples fotografías y videos.
 
 
La segunda parte de la Teoría señala que el vuelo 77 contra el Pentágono es falso. No hay evidencia, piezas de fuselaje, restos de turbinas o asientos, ni cadáveres. La perforación en cinco bloques del edificio no es superior a un diámetro de 5 metros, increíble para un jet 757. Los pocos videos permiten distinguir algo que parece más un misil como lo que se impactó en el edificio.
 
 
El tercer capítulo señala que el vuelo 93 que se estrelló en Pennsylvania, producto del amotinamiento de los pasajeros –hasta película de ficción se produjo al respecto- fue de hecho derribado por misiles probablemente disparados por un avión caza por orden presidencial. Entre las causas y responsables están: la CIA como responsable, que preparó y orquestó los atentados para justificar una guerra contra un sector árabe antiestadounidense, rebelde y potencialmente dañino. Pero más allá de esto, producir un motivo suficientemente fuerte y sustentable para lanzar la “guerra contra el terrorismo” y con ello restringir el sistema de libertades estadounidense y justificar la presencia en los países árabes. El otro hipotético gran responsable es el Mossad, los servicios secretos de Israel, a fin de fortalecer una alianza antiárabe profundamente aceptada en EU.
 
 
A 12 años de distancia, el mundo cambió por la política antiterrorista de EU, que lo llevó a invadir dos países (Afganistán e Irak), a penetrar un tercero (Pakistán) y mantener una presencia amenazante en la zona desde entonces. La seguridad de Israel ha permanecido intacta, salvo ocasionales ataques del Hezbolá y grupos palestinos. La cercanía y sintonía con los regímenes de Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, Jordania, Yemen y otros se ha mantenido en excelentes términos.
 
 
Son fastidiosas las teorías de la conspiración, la búsqueda de culpables secretos, ocultos tras los inexpugnables muros de la CIA, la NSA, el Pentágono y los muy cinematográficos servicios secretos internacionales. Pero lo cierto es que las preguntas siguen ahí, sin respuesta.
 
 
Lo que “derrumba” buena parte de estas hipótesis consiste en evaluar en términos económicos y geopolíticos el éxito de la estrategia. La economía de EU es la más improductiva y desacelerada –si no recesiva- en 80 años y la estabilidad de la zona es altamente cuestionable con un conflicto ascendente en Siria y un Irán desafiante con programa nuclear en puerta. A alguien le salió mal el cálculo, si acaso la conspiración fuera cierta.
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx