Opinión

El GIEI y su desempeño

 
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Cocula.

Para nadie es un secreto que la investigación de la PGR en el caso Iguala-Ayotzinapa-Cocula emitió conclusiones aceleradas.

La llamada y por demás cuestionada 'verdad histórica' del entonces procurador Jesús Murillo Karam, integró un expediente repleto de inconsistencias y contradicciones, testimonios incompletos, peritajes a medias y la manipulación o no salvaguarda de la zona del 'supuesto crimen' o incineración en el basurero.

Da la impresión –en voz de quienes han tenido acceso a dicho expediente– que parece un documento apresurado, un expediente construido con la prisa de resolver el caso 'a la mayor brevedad' por razones políticas, que no judiciales o periciales. A pesar de la seriedad y prestigio –ahora mellado– del procurador Murillo, existió celeridad en la investigación con el propósito específico de 'cerrar el caso' con una 'verdad' apabullante, histórica, construida más a partir de los testimonios de los muchos detenidos (más de 100) que de los peritajes o las pruebas científico-forenses. Da la impresión de que se perseguía la meta política de quitarle el problema de encima al presidente de la República y resolver lo más pronto posible el caso que –de forma tangencial, porque la primera autoridad responsable fue el gobernador Ángel Aguirre (a quien nadie ha llamado a cuentas)– había afectado duramente la imagen y el prestigio del país –a nivel internacional– y la reputación del gobierno en todas partes.

El procurador Murillo se equivocó en ceder a las presiones de los padres de las víctimas y extraer a sus hijos de posibles vinculaciones criminales, a partir del supuesto hallazgo de rastros de droga en uno de los camiones o de la confrontación –como se nos dijo– entre cárteles en disputa por la zona.

La llegada de los expertos internacionales de la Corte Interamericana de Derechos Humanos abrió una luz de esperanza, no sólo en el esclarecimiento de los hechos, sino sobre todo en la reconstrucción de la confianza.

Desde su llegada a México y su primera reunión con los padres de las víctimas, los expertos del GIEI enviaron señales equivocadas, carentes de equilibrio y de distancia con los implicados en la investigación. Manifestaron su respaldo a los padres y les dijeron “no los vamos a dejar solos”.

Parecieron, desde el principio, más activistas que observadores independientes, que expertos judiciales en investigaciones de esta naturaleza porque, hay que precisar, su encomienda no fue realizar una nueva investigación, totalmente separada y distinta de la existente.

Vinieron a México para hacer un trabajo de revisión exhaustiva, de correlación entre testimonios y fuentes, de validación de las pruebas, de análisis casi exegético del expediente de la PGR.

En contraste, los señores del GIEI se posicionaron como “defensores de las víctimas”, confundidos representantes del sector sin duda agraviado, pero cuyo papel y representatividad no les corresponde y nadie les otorgó.

Cuando recomendaron que el perito Torero realizara un segundo peritaje en el polémico basurero de Cocula, el experto permaneció 20 minutos en la zona y señaló la imposibilidad –dijo– de que ahí hubiera habido un incendio de las dimensiones y del poderío para incinerar cuerpos humanos adultos en una sola noche. No había –dijeron– suficiente material combustible.

Agregaron después la referencia a una supuesta imagen satelital que confirmaba la precipitación de lluvia esa noche. Imagen, por cierto, que nadie ha mostrado a la ciudadanía y que nadie conoce.

Ahora que un nuevo grupo de especialistas, mucho más robusto y vigoroso en materia de fuego a nivel internacional, realizó su propio dictamen, revive la versión original de la incineración.

El perito Torero, incluido al lado de su maestro en el grupo de especialistas, afirma ahora junto a sus colegas, que tiene dudas.

En este contexto, el GIEI rompe con la PGR y la acusa de revelar información confidencial, no concluyente, y de romper acuerdos de confidencialidad.

La PGR ha cometido múltiples errores en su investigación; entonces y ahora ha limitado sus peritajes a los del grupo de expertos y ha esperado el dictamen de los forenses de Innsbruck. Insuficiente.

Pero ciertamente la aportación del GIEI ha sido poco profesional e independiente, se ha extralimitado en sus funciones al sostener una relación con los padres de las víctimas durante todos estos meses. Será difícil que sus resultados puedan ser considerados concluyentes en un caso empantanado, manoseado y manipulado políticamente.

Lamentable.

Twitter: @LKourchenko

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