Opinión

El general Thurman y el riesgo de la "provocación cinética"


 
La tensión bélica en la península coreana se mantiene alta y puede crecer, con un nuevo ensayo nuclear o balístico por parte del impredescible régimen de Kim Jong-un en Pyongyang, pero hasta ahí llegarán las cosas, pues no está en su interés desatar una guerra, así sea limitada, que podría costarle el trono dinástico.
 
Sin embargo, cuando las amenazas a ese nivel se repiten diariamente si bien pierden credibilidad también aumentan el riesgo de que una chispa incendie la pradera; un pelotón de asalto que confunda sus órdenes o una batería de artillería que empiece a disparar pueden ser suficientes para generar una respuesta y una escalada militar imparable. Así lo advirtió el general James Thurman, jefe de los 28,500 efectivos norteamericanos acantonados en la República de Corea (sur), al indicar a ABC News que en sus dos años en el país no había presenciado una situación tan "volátil" y "peligrosa".
 
Veterano del conflicto por Kuwait de 1991 con Irak y también titular del Comando de Naciones Unidas que separa a las dos Coreas en la Zona Desmilitarizada (DMZ) del paralelo 38, Thurman manifestó que su temor es un "error de cálculo" o una "decisión impulsiva" que detonen una "provocación cinética", es decir combates, en la jerga del Pentágono. Entrevistado en la estrecha franja que divide la península, resaltó que "apenas cruzando la línea hay 14 mil piezas de artillería en esa cadena de montañas. Representan una amenaza directa para Seúl, que se localiza a sólo 43 kilómetros de la DMZ".
 
Thurman agregó que Kim está "tratando de actuar para su público interno", pero "tenemos que tomar cada palabra seriamente", en línea con la posición del almirante Samuel Locklear, jefe del Comando del Pacífico en el Departamento de Defensa, que ayer definió el panorama como el peor desde el fin de la guerra que partió en dos a Corea en 1953.
 
Salgan todos
 
Mientras Pyongyang recomendaba a los extranjeros residentes en el sur abandonar el país, que se dirige hacia una lucha "termonuclear", ante el Comité de Servicios Armados del Senado, que encabeza Carl Levin, Locklear aseguró que las fuerzas antibalísticas de Estados Unidos pueden interceptar un misil lanzado por Corea del Norte, aunque la decisión se adoptará de acuerdo con su blanco.
 
Levin apuntó que la retórica incendiaria de Pyongyang "parece superar su capacidad y el uso de la capacidad que tenga contra EU y sus aliados parece muy improbable y sería totalmente contrario al objetivo básico de supervivencia del régimen". El legislador demócrata acertó: aunque hay casos de suicidio, Kim no arriesgará irracionalmente su poder y sólo está utilizando las mismas tácticas de su abuelo y su padre, para que Corea del Sur y Washington aflojen las sanciones económicas y comerciales en la mesa de diálogo, donde lograría una "victoria" para seguir gobernando al aislado y empobrecido "reino ermitaño".
 
A todos les sirve el juego al final: con su despliegue de buques armados con proyectiles interceptores SM-3, de baterías THAAD en Guam y de bombarderos furtivos B-2 en Corea del Sur, EU le demuestra a Beijing y Moscú los alcances de su sofísticado aparato bélico, el único que fuera de los misiles atómicos intercontinentales de sus dos rivales tiene una verdadera dimensión global e inmediata. Los estrategas de China, que para el mitómano Kim Il-sung se reducía a "nuestra gran área de retaguardia", no dejan de tomar nota rumbo a la pugna por el predominio en el Pacífico.