Opinión

El general Raheel Sharif y la tentación golpista en Pakistán


 
El viernes asumió el mando del ejército de Pakistán el teniente general Raheel Sharif, quien arriba al puesto en un momento por demás delicado, en el que el Talibán rompió las negociaciones de paz, Estados Unidos prolongará su ocupación del vecino Afganistán y el gobierno civil, siempre débil, quiere asegurarse de que no caerá por un nuevo golpe de estado.
 
 
Sharif, de 57 años y con estudios en Gran Bretaña, Canadá y Alemania, hermano de un héroe de guerra y jefe de unidades de infantería desplegadas en la Línea de Control en Cachemira, donde las tensiones con India están creciendo, parece ser el hombre indicado para la situación, comentan Time y Reuters; no estaría interesado en la política y además en 2007 dirigió la reforma estratégica del pensamiento militar pakistaní, que evolucionó de la mano de su antecesor, el general Ashfak Kayani, de la rivalidad nuclear con Nueva Delhi al desafío planteado por el Talibán, que en noviembre abandonó las pláticas con Islamabad ante el incesante asesinato de sus líderes por los aviones teledirigidos de EU.
 
Nada garantiza, no obstante, que Sharif esté comprometido con la precaria institucionalidad de Pakistán. Al frente del sexto ejército más grande del mundo, con 600 mil efectivos y un presupuesto que devora los recursos necesarios para el desarrollo, es ya de facto el hombre más poderoso del país y ante el volátil carácter de sus retos puede volver su espada contra el premier Nawaz Sharif, quien precisamente fue derrocado por Pervez Musharraf en 1999, siguiendo una tradición que ha dado a los militares el gobierno durante más de la mitad de los 66 años de vida independiente de Pakistán.
 
Juicio
 
 
Sin embargo, hoy Musharraf está en riesgo de ser enjuiciado y Nawaz Sharif intenta cuidar su espalda con el nombramiento de Jawaya Mohamed Asif como ministro de Defensa. Asif es su confidente, amigo del general Sharif ––elegido por encima de tres oficiales de mayor rango–– y fiero crítico de las dictaduras militares, a quien Musharraf encarceló.
 
 
A Washington, como pocas veces, le interesa la estabilidad de Pakistán. El retiro de la mayor parte de sus tropas de Kabul, donde permanecería una guarnición de 15 mil soldados, no tendrá viabilidad sin ayuda de Islamabad. Pero sus relaciones atraviesan por una pésima etapa, agudizada desde que en 2011 el Pentágono liquidó dentro del país a Osama bin Laden sin aviso; la semana pasada, por su lado, uno de los partidos de oposición reveló la identidad de John Brennan, jefe de la CIA, como titular de la estación de la agencia en Pakistán y responsable directo de los mortíferos ataques con drones.