Opinión

El gasolinazo y la reforma energética; todo suma pero no todo es igual

 
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(Reuters)

En términos de molestia política, todavía no hemos visto lo peor. En términos de discusión hacendaria, estamos empezando. Y es que la probabilidad indica que en febrero volveremos a ver un alza en el precio en las gasolinas que hoy se venden en todo el país.

Si bien no comparto la carga fiscal, sostengo que el cambio en la forma de integrar el precio era necesario. En medio de un debate naturalmente emocional y politizado, propongo desagregar la opinión y crítica en cada uno de los cuatro componentes primarios del precio:

1. El combustible.- México es ya un importador de gasolinas, su moneda se ha devaluado significativamente y su único productor nacional (Pemex Refinación) muestra deficiencias y sobrecostos en todas las variables de análisis. Cierto, el precio de la molécula cuesta más.

El gobierno federal hizo bien en instituir una fórmula que refleje precios del líquido con respecto a nuestro mercado de referencia (costa este de Estados Unidos), permitiendo que el precio suba automáticamente cuando el petróleo se encarezca (con independencia de las expectativas de inflación de Banxico) y baje inmediatamente cuando se abarate (sin verse afectado por impuestos móviles como en el pasado). Esto para crear condiciones de mercado que permitan el ingreso de nuevos inversionistas a la importación y producción. ¿Por qué no se hizo antes? Porque no había el andamiaje legal para crear un mercado, ni el dolor hacendario que incentivara una acción políticamente compleja.

2. El costo de distribución.- La cadena logística de almacenamiento y distribución de gasolinas en México es ineficiente, costosa y opera en niveles críticos casi siempre. Pretender que en un país de casi dos millones de kilómetros cuadrados la gasolina cueste igual en cada punto de suministro es incorrecto. El regulador federal hizo bien en crear regiones de distribución (83) para empezar a diferenciar ese componente del precio. Sólo esa diferenciación de mercados regionales incentivará las urgentes inversiones en infraestructura que requiere México en este rubro. Para el consumidor, además, es un esquema más justo que uno de subsidios cruzados.

3. Las estaciones de servicio.- Si hubo una noticia bien recibida tras la aprobación de la reforma energética fue el que se permitieran gasolineras de distintas marcas. Hoy los letreros y los layouts empiezan a cambiar, pero todas siguen vendiendo los tres únicos tipos de combustible que Pemex produce e importa. Si bien es necesario atacar los robos en las estaciones que venden litros incompletos, esos negocios no ofrecerán mejores gasolinas o de distintos octanajes y precios si no se construyen en México mejores condiciones técnico-logísticas para que sus dueños puedan proveerse con jugadores distintos a Pemex.

4. Los impuestos.- Los combustibles se gravan con 16 por ciento de IVA y con un Impuesto Especial sobre Productos y Servicios de entre 19.9 y 26 por ciento. Para ser precisos, en 2017 la SHCP optó por un IEPS fijo por litro. La Ley de Ingresos establece un cargo de 4.16 pesos por litro para la Magna (menor a 92 octanos), 3.52 pesos por litro para al Premium (igual o mayor a 92 octanos), 4.58 pesis por litro para el Diésel y le dio la facultad a Hacienda para “establecer cuotas complementarios y temporales” si lo cree necesario. Por diversas razones, es mejor tener un IEPS fijo por litro, pero considero la carga fiscal integral a las gasolinas y el Diésel excedida y, por ende, debatible.

En México no debe haber subsidio a la gasolina, si por éste entendemos usar recursos fiscales para reducir artificialmente el precio del combustible y el costo de su distribución al consumidor final. Pero sí puede y debe haber una intensiva discusión política sobre el nivel de gravamen a los combustibles y sobre su destino. Hoy, IVA e IEPS se van a las criticables arcas generales de los tres niveles de gobierno (es recaudación participable). Reducir el IEPS no sería subsidiar la molécula, sería reducirle la carga al consumidor del producto.

Si bien el gobierno debe ser mejor explicador de los puntos uno al tres expuestos en esta reflexión, su argumento para la carga fiscal no puede limitarse a 'necesitamos más y ya'. La discusión debe enriquecerse con recortes necesarios y en múltiples frentes, así como el mejor uso de sus ingresos. De no ser así, reitero, el mensaje es y sigue siendo: 'hágase el incremento en los bueyes de la sociedad'.

Twitter: @MCandianiGalaz

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