Opinión

El gañán y los impresentables

 
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Fernando Zárate.

Si usted no tuvo oportunidad de ver el video donde un prepotente diputado federal se comporta como golpeador de barriada, al conectar un brutal cabezazo al rostro de un funcionario de la delegación, lo invito a que lo haga para que recuerde bien que este ¡gañán! responde al nombre de Fernando Zárate.

El susodicho diputadete de octava, que no hace sino amedrentar al funcionario delegacional ostentando un cargo de elección popular –“Soy diputado federal, ¿me vas a detener? ¿Me vas a detener?”– exhibe la más baja ralea de la política mexicana.

La prepotencia, el influyentismo, la vulgar ostentación de un cargo que, le tengo noticias gañán Zárate, no es suyo, se lo otorgó –sin duda por grave equivocación– la ciudadanía y los partidos que lo han cobijado.

El gañán Zárate militó en el PRD y ahora en el PRI. Trabajó en esta Legislatura que concluye, donde participó en las comisiones de Juegos y Sorteos, como presidente, secretario en la de Relaciones Exteriores e integrante de la de Justicia y Puntos Constitucionales. ¡Imagínese usted! ¡Qué desatino! Este gañán de gimnasio popular –con disculpas a los gimnasios donde entrenan boxeadores y peleadores– participó –de noche sin duda– en la Comisión de Justicia donde evidentemente no aprendió nada, ya no digamos a legislar.

El gañán Zárate representa con cristalina transparencia los vicios del sistema político mexicano: la ostentación, la prepotencia, la violencia verbal y ¡física! de un vergonzoso representante popular que ahora pretende saltar a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

#NoVotePorGañánZárate

Pero este caso es sólo uno de los muchos y muy coloridos que el variopinto proceso electoral que transitamos, ha ofrecido a la consideración de los electores.

Ha habido de todo, como en botica, según decían las abuelas.

La lista de impresentables que compartiremos con usted en las siguientes semanas la encabeza hoy el Pato Zambrano, este iletrado aspirante a la presidencia municipal de Monterrey por el PT, cuyo origen se remonta a la primera edición del Big Brother por televisión abierta en México a principios de la década pasada.

Luego supimos que sostenía algún tipo de romance oscuro con Irma Serrano La Tigresa, quien años después lo acusó de robo y engaño al sustraer joyas y otros bienes de su residencia.

¿Estará tan mal la política mexicana que la ineficiencia de los llamados “profesionales” deba ser sustituida por esos personajes ciudadanos sin mayor trayectoria que una mediocre celebridad?

El PT y Movimiento Ciudadano han centrado su estrategia en la selección de personajes con cierto pasado o notoriedad social, política, deportiva, incluso del espectáculo. Son candidatos que provienen de orígenes distintos a la militancia formal o a la construcción de carreras como “servidores públicos”.

Parece un signo del hartazgo social por los políticos y los partidos, el que la ciudadanía dirija su atención a estos otros personajes.

El llamado Bronco no califica en esta lista, porque a pesar de ser independiente y de lanzarse con el valor de consolidar su base de seguidores en votantes activos y contantes, el señor Bronco es un expriista resentido, como tantos otros en la historia que mudaron a otras fuerzas porque en la suya les cerraron el paso. ¿El Bronco sería independiente si el PRI lo hubiera postulado en Nuevo León? Seguramente no.

Lo valioso de su candidatura es el impacto de la independencia con números altos en las encuestas, sin infraestructura partidista y sin prerrogativas del INE, o del Instituto Electoral de Nuevo León. Si El Bronco gana, sentará precedentes que replantearán por completo el esquema de partidos, los dineros que por ley se les otorgan, y si de fondo los necesitamos.

Twitter: @LKourchenko

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