Opinión

El futuro del sistema

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Elecciones 2015

Ya hablamos del futuro esperable de cada uno de los partidos, y tenemos la paradoja de que todos estarían reduciendo su presencia, en términos porcentuales, rumbo a 2018. Esto, como se podrá imaginar, es imposible si no hay alguien que esté cosechando lo que todos pierden. Si, como le decía, es razonable esperar al PAN debajo de 25 por ciento, al PRI y a la izquierda apenas arriba de eso, pero la última dividida en dos grupos, entonces nos faltan 20 o 25 puntos que no están asignados a nadie.

También comentamos que hay un par de características comunes a los partidos: vejez y corrupción, y eso es muy importante. Existe una idea generalizada de que todos los partidos son corruptos, que tiene mucha evidencia a su favor. No creo que se pueda deducir que todos son igualmente corruptos, pero quienes sí lo creen no van a votar, anulan su voto, o esperan ansiosamente nuevas opciones, que hoy encuentran en “independientes”, que a veces no lo son.

En lo relativo a la edad, quisiera insistir en la tendencia mundial hacia el conflicto político del siglo XXI. A diferencia del siglo pasado, cuando la gran ruptura se daba entre trabajadores y empresas, o en términos políticos, izquierda y derecha, en este siglo la ruptura es entre jóvenes y viejos. En los países desarrollados, esta diferencia es porque los viejos tienen pensiones que los jóvenes tienen que pagar a través de sus impuestos. Pero estos jóvenes no tendrán pensión, y en muchas ocasiones ni siquiera empleo. Para que imagine el tamaño del problema, las pensiones en varios países de Europa superan 10 por ciento del PIB, que es prácticamente lo que los mexicanos pagamos de impuestos. Es impagable incluso allá.

En México esta diferencia no es tan marcada, pero existe. Tal vez como reflejo de lo que ocurre en los países más avanzados, a través de las redes sociales, es ya tema político. Los muy jóvenes, especialmente, están a la búsqueda de algo diferente. En 2018, 43 por ciento de los ciudadanos serán menores de 35 años, 35 por ciento estarán entre esa edad y los 55 años, y el restante 22 por ciento será de 56 años o más.

El perfil del votante de cada partido puede ser útil: el del PRI es mayor de 55 años, con educación secundaria; el del PAN es de más de 45 años, pero con educación superior; el PRD tiene la mitad de sus votantes con menos de 35 años, centrados en educación secundaria; Morena tiene votantes muy jóvenes (menos de 25 años) sin instrucción o con secundaria, y el Verde a la mitad de sus votantes con menos de 35 años, con un poco más de educación que en el caso de Morena.

Pero hay entre 20 y 25 por ciento de los votantes que no quisiera votar por estos partidos, al menos como están hoy. Quieren, según parece, opciones más jóvenes y que parezcan más honradas. Los partidos actuales, si quieren competir, tienen ahí la receta: menos vejez, menos corrupción. Eso obliga a programas más inteligentes: pensados precisamente para jóvenes, es decir, orientados al futuro, y honestos en el diagnóstico, sin el populismo que parece marca registrada de la política nacional.

Si alguno de los partidos grandes logra una transformación creíble, tiene un espacio de crecimiento muy importante. Si ninguno lo logra, hay margen para independientes. El escenario es entonces uno de dispersión, que puede llevar a la presidencia a un candidato con 25 por ciento del voto, en franca minoría en el Congreso, o en el caso de un independiente, sin siquiera fracción parlamentaria. Mañana terminamos con esto.

Twitter: @macariomx

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